lunes, 25 de febrero de 2013

Rossell o la legitimidad



Los últimos días  nos han deparado a las patronales muchas noticias y declaraciones variadas de algunos de nuestros más conocidos representantes. A las emitidas por el Presidente de CEIM con motivo de una investigación sobre el aparente modus operandi de su empresa en la remuneración de algunos de sus trabajadores, se han sumado unas palabras del presidente de CEOE, Sr. Rosell, con motivo de su asistencia al Congreso de Comisiones Obreras, en el cual también ha hecho unas jugosas declaraciones su reelegido secretario general Sr. Fernández Toxo.

En cuanto a las primeras, ya hemos dicho en blog anterior que es un asunto que no concierne más que al propio Arturo Fernández que, en función de su situación personal deberá tomar decisiones que van más allá de su periodo de reflexión en cuanto a su participación en CEOE. La patronal de Madrid no es ahora, precisamente el modelo a seguir, por el incumplimiento sistemático de sus Estatutos en los últimos años y su deriva hacia un modelo de lobby, abandonando su vocación y estructura histórica de “organización de organizaciones”.

Arturo Fernández tiene gran responsabilidad en ello y no creemos que si le aconsejan abandonar las circunstancias, deba hacerlo sin una reflexión profunda de su papel y sus obligaciones ante los empresarios de Madrid, que han visto decaer su acción y su presencia por la levedad de sus líderes y la influencia política en su gestión.

Por su parte, el presidente de CEOE, Juan Rosell, ha aprovechado el Congreso de CC.OO. para declararse partidario de la transparencia absoluta “hasta las últimas consecuencias” porque las cúpulas de las organizaciones sindicales y patronales “deben dar ejemplo, aunque no siempre lo hayan hecho”.

Esta sinceridad sobrevenida, que viene a cuento por los anunciados cambios en la próxima Asamblea de CEOE, en la que se prevén  importantes modificaciones en sus Estatutos, contrasta con la historia reciente de la organización y de sus representantes, muchos de ellos y en especial su presidente, al igual que los presidentes de CEIM y CEPYME, son herederos directos de la etapa de Díaz Ferrán y, en consecuencia, escasos de la legitimidad necesaria para afrontar una nueva etapa en la que esa condición es imprescindible.

No hace tanto tiempo que asistíamos a acuerdos para la continuidad de unos y otros con la intención de que todo continuara igual, a elecciones en las que volaban los votos en blanco para asegurar los cargos y al falso encumbramiento de tristes defensores de la independencia tutelada de los empresarios, todo lo cual nos ha traído hasta el momento actual de decadencia de nuestras antaño potentes organizaciones que parece querer aliviarse con palabras y frases que muchos no creemos.

Por ello, las palabras vacías, las grandes frases, se curan con el debate y los hechos, padres de la transparencia que ahora se promete, pero si las personas siguen siendo las mismas, no cabe seguir hablando de regeneración, refundación, simbiosis y otras varios conceptos ampliamente exhibidos, sino de democracia y aplicación estricta del espíritu que nos hizo fuertes un día. Para ser claros, con nuevas elecciones y candidatos que garanticen todo aquello que hemos ido perdiendo en muy pocos años. Y a eso no parece que esté apostando la CEOE.

Por lo tanto, aunque estemos muy lejos de unos sindicatos tan anticuados como CC.OO. nos ha parecido interesante recoger las palabras de su reelegido Secretario General, Sr. Toxo que, a modo de reflexión ha dicho que “la presencia de los sindicatos en los consejos de administración y en la formación, les ha producido un grave problema reputacional”.

Esa reflexión, no sabemos si sincera pero sin duda oportuna, se sigue echando de menos en los discursos de nuestros dirigentes empresariales actuales, empeñados en obviar del escaso debate cuestiones claves, cuyo análisis y profundización, no haría más que ahondar en su probable falta de legitimidad sin un cambio profundo de actitudes, personas y objetivos.

 

viernes, 15 de febrero de 2013

La burbuja de la patronal


Que las distintas patronales están de capa caída no lo discute casi nadie y es especialmente comprobable entre los empresarios de toda dimensión, pero mucho más entre los pequeños, medianos y autónomos.

 

Hoy es difícil involucrar a empresarios en patronal alguna, sea del carácter que sea, ni tan siquiera mantenerlos con un cierto grado de confianza en las que han venido militando durante años, porque el descrédito de la inmensa mayoría hace que vayan perdiendo la ilusión de verse reflejados en ellas, cualquiera que sea su ámbito.

 

Este descrédito se ha venido labrando de manera acelerada a lo largo de los últimos años, muy especialmente desde la etapa Díaz Ferrán cuyo ascenso y caída meteóricos pusieron de relieve ante la opinión pública la levedad de los llamados órganos gestores, su carácter gregario, Asambleas y Juntas varias compuestas en su mayoría, excepciones aparte, por supuestos empresarios más preocupados por sus intereses que por los de todos.

 

La permanente ausencia de debate, la debilidad de los argumentos, cuando se han permitido exponer, la tendencia de algunos a la escalada socioeconómica, es decir a la trepa, la obediencia debida, la lealtad mal entendida, casi siempre ad hominem y  casi nunca a la institución que dicen representar, el vasallaje a los políticos, en especial a los que ostentan el mando, son todas ellas “virtudes” ajenas al empresario independiente que necesitan nuestras organizaciones y, por el contrario, son la esencia actual de gran parte de nuestras numerosas organizaciones empresariales.

 

Organizaciones que creemos necesarias, bien definidas en nuestra Constitución y, por ello, esenciales para la defensa de los intereses generales, para el llamado diálogo social y para el avance de nuestra economía.

 

Por ello es triste asistir un día sí y otro también al numerito de la política asociativa, por encima de la responsabilidad que se supone recae sobre todos y cada uno de nuestros teóricos representantes y que, a la vista de tanto acontecimiento y rotunda presencia en los medios, casi siempre para mal, no parece que hayamos acertado en su elección.

 

Últimamente asistimos al sainete político-asociativo que tiene lugar en la CEOE para analizar la conveniencia o no de mantener en su puesto de Vicepresidente y responsable de la patronal de Madrid CEIM, Arturo Fernández, acusado por alguno de sus empleados de ciertos pagos en dinero negro de una  parte de sus emolumentos, episodio que ha sido exageradamente reproducido en los medios políticos y de comunicación

 

Dejando aparte la escasa autoridad  moral de la propia CEOE, desbordada y minimizada por otras varias organizaciones, inmersa en un falaz intento de cambio de imagen con la propuesta de unos nuevos estatutos que intentan maquillar su decadencia, con propuestas que lo que en el fondo parecen pretender es la continuidad de unos dirigentes fracasados, su vanidad y sus privilegios, desde el mismo momento en que aceptaron el cambalache de la sustitución de Díaz Ferrán, la realidad es que asistimos a una pugna netamente propia de la política, escasamente empresarial. No interesa más que a los iniciados. No tiene mayor relevancia.

 

Arturo Fernández, único conocedor de su situación empresarial, decidirá aquello que le convenga pero, mientras lo hace, se ha producido el consabido movimiento de algunos para hacerse el hueco al que aspiran y que solamente obtendrían en una situación de aparente inestabilidad como la actual. Las posibles candidaturas a sustituir, aunque sea temporalmente, al Presidente de CEIM se filtran interesadamente a la prensa, unos por edad otros por antigüedad y algunos por inapropiada ambición desmedida, se postulan, en espera de apoyos mediáticos y de que la suerte les sea propicia.

 

Pero al igual que en la sustitución de los anteriores Presidentes de CEIM y CEOE, ninguno parece estar interesado en abrir el debate y en acudir a unas elecciones limpias y democráticas en busca de nuevos y mejores candidatos.

 

Con los mismos procedimientos que entonces, lo que parece que se pretende es el acuerdo interno de sustitución, como siempre, si es posible con inspiración y apoyo políticos, cambiando algunas personas para mantener todo igual de escasamente representativo.

 

Así se pueden seguir vulnerando los Estatutos y continuar el sometimiento y la cuesta abajo del legítimo asociacionismo empresarial, que no recuperaremos si no aplicamos seriamente los principios de transparencia, independencia y auténtica representatividad, dejando atrás la llamativa burbuja de la patronal en la que casi ninguno nos sentimos plenamente representados.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 12 de febrero de 2013

El Corredor, la industria y Eurovegas


Desde hace unos años se viene observando la decadencia de la industria convencional en nuestro país, consecuencia lógica de la internacionalización de la economía, de la llamada globalización. El fenómeno afecta no solo a España, sino que es general y se produce en toda Europa, de manera especial en aquellas áreas antes especializadas en la fabricación de bienes de la industria tradicional o de consumo.

El asunto es grave por muchos motivos, pero en especial porque la industria, el sector secundario supuso el arranque de nuestra modernización y de la incorporación a un mundo exigente y competitivo. Apoyada durante muchos años en la protección del Estado, en las fronteras cerradas, en la autarquía que impuso el régimen franquista y que propició la creación de millares de industrias de todo tipo, tan dueñas del mercado interior como escasas en apoyos y capital, la industria llegó a alcanzar casi la quinta parte del producto interior bruto.

En Madrid, no nos quedamos al margen y algunas zonas, en especial el llamado Corredor del Henares se constituyó en una de las zonas industriales más sólidas de la Comunidad, extendiendo su acción hasta más allá de Guadalajara, en buena parte de Castilla la Mancha Norte.

 Muchos y muy buenos empresarios encontraron su proyecto en la industria y dedicaron ilusiones y esfuerzos e hicieron grandes inversiones en instalaciones y maquinaria moderna para tratar de  luchar en igualdad con nuestros competidores, europeos inicialmente,  comenzando a exportar sus productos tras nuestra incorporación al mercado único.

Pero a diferencia de las grandes zonas industriales de Europa, que acertaron a reconvertirse en buena medida, adelantándose a la gran apertura que significaba la globalización, nuestra industria, pese a todo escasa de ayudas y lastrada por su pobre productividad, ha ido decayendo lentamente hasta el momento actual, en que se encuentra en estado preagónico, sin ilusión ni demasiados proyectos de futuro.

La industria exige un tipo de empresarios especialmente valientes puesto que necesita de instalaciones complejas, con una fuerte radicación y dedicación a su entorno geográfico y con unas inversiones importantes en maquinaria e instalaciones complejas, así como una implicación continúa con las nuevas tecnologías. Por ello, se dice que el empresario que abandona la industria, por una u otra razón, no vuelve a ella, aunque continúe con su proyecto vital y empresarial en otros campos de la economía, menos agresivos, menos traumáticos.

Vienen estas reflexiones a cuenta de algunas cuestiones de actualidad en nuestra zona Este de Madrid que, como venimos diciendo desde siempre, no se limita al llamado Corredor del Henares, ámbito no exclusivamente madrileño aunque, como hemos dicho, de gran importancia industrial en su momento.

Por un lado, el previsible cierre de la factoría de Roca en Alcalá de Henares, símbolo de la decadencia industrial a la que aludimos y que no ha merecido demasiada atención, más allá de la informativa, especialmente por parte de los sindicatos y organizaciones empresariales locales que hace unos años se fotografiaron junto a un ensoñador proyecto de reindustrialización del Corredor del Henares sin efecto alguno hasta el momento.

 Por otro, la falta de liderazgo sindical y empresarial para empujar el proyecto de cambio a sectores como el logístico, en el que la Comunidad de Madrid tiene, desde hace años, un planteamiento ganador que, junto con los empresarios de Aragón y de la Comunidad valenciana, haría de nuestro país uno de los centros más importantes del mundo en transporte y comunicaciones, con todo lo que ello comporta de creación de riqueza y empleo, muy especialmente en nuestra zona.

Aunque, claro está, dicha opción exige ese liderazgo que parece faltar y que implicaría algo tan difícil  en la actualidad como apostar en serio por el famoso Corredor Central, que la Unión Europea tiene en stand by, hasta tanto no se aclare la “cuestión catalana”.

Y finalmente, por hoy, la operación Eurovegas, para algunos la solución a nuestros problemas de desindustrialización si se hubiera optado por su establecimiento en Paracuellos/Torrejón. Vana ilusión, porque no creemos que dentro de 15 o 20 años, cuando sea, hipotéticamente, una realidad el proyecto de juego, turismo y ocio,  hubiera podido sustituir a la gran cantidad de riqueza, conocimiento y empleo que se ha ido diluyendo, para nuestra desgracia, con la desaparición de la industria que tanto nos costó instalar.

En definitiva, vamos hacia otro tipo de sociedad, a lo que parece, porque no hay más que darse una vuelta por los diversos polígonos industriales devastados por la crisis de consumo, los impuestos municipales abusivos, unos sindicatos medievales y la falta de interés de nuestros políticos por apostar en serio por una industria moderna, eficaz y competitiva, comandada por auténticos empresarios bien respaldados en su compleja pero apasionante misión.

 

lunes, 4 de febrero de 2013

Ayuntamientos y competencia... ( ¿ DESLEAL ? )


Mi amigo es un periodista, bien conocido en nuestra zona, empresario de siempre, que durante más de 30 años ha venido ejerciendo su trabajo con una dedicación y una diligencia admirables, a través de su periódico local gratuito que, con una tirada semanal  reducida, se alimentaba de la publicidad de muy diversas empresas, en especial las constructoras o promotoras, necesitadas de dar a conocer sus proyectos en estos últimos años de abundancia del sector inmobiliario.

Las instituciones y ayuntamientos cercanos, aunque en menor medida, colaboraban a aportarle algunos ingresos, igualmente publicitarios, para mantener su proyecto empresarial y de vida, un periódico a través de cuyas páginas, muchos de nosotros, por una u otra razón,  nos hemos visto retratados con alguna frecuencia.

En tiempos mejores que los actuales, es decir, hace años, hasta se atrevió a gestionar simultáneamente una pequeña radio local desde la que nos invitaba a participar y a transmitir nuestros mensajes. Todo ello, con el afán del pequeño empresario que, sin más ayuda que la de su familia,  cree en su proyecto por encima de cualquier otra consideración, sin medir el riesgo, porque la empresa es su vida y su libertad.

Su capacidad de trabajo, como he dicho, ha sido infinita. Director, redactor, maquetista, locutor, distribuidor de prensa y  realizador de todo trabajo necesario para situar  en los lugares adecuados, puntualmente, su medio de comunicación que, al mismo tiempo era su medio y su proyecto vital. Cualquiera tenía fácil acceso a él, porque en su agitada actividad era normal encontrarle en cualquier parte y charlar distendidamente de lo divino y de lo humano.

Hace unos días vino a verme al despacho para despedirse porque había decidido abandonar. Me explicó que la caída de los ingresos de publicidad había llegado a tal punto que, pese a su esfuerzo personal y a su liviana estructura, no podía permitirse continuar perdiendo dinero y la decisión era firme. No continuaba y pasaba a engrosar el ejército de desocupados sin proyecto empresarial conocido. En espera de mejores tiempos.

Lo triste es que el caso de mi amigo es más frecuente de lo que pueda parecer y, cada día, cientos de pequeños proyectos parecidos se disuelven junto con las ilusiones y las expectativas de sus creadores que un día soñaron que su fe y su entusiasmo podrían con todo y que sus proyectos les sobrevivirían.

Este parece ser el signo de los actuales tiempos convulsos que no respetan nada y que solo los poderosos y los que manejan los hilos invisibles que dirigen nuestros destinos son capaces de sortear, sin merma ni pérdida alguna y, en algunos casos con cuantiosos beneficios derivados del caos en que nos movemos los ciudadanos normales, especialmente, los pequeños empresarios, necesarios pero desprotegidos.

Digo esto porque, en el sector que nos ocupa, analizando la realidad, la mayor parte de los proyectos de comunicación de nuestra zona han ido desapareciendo o limitando su acción por efectos de la crisis, mientras resulta que algunas instituciones, ayuntamientos varios, se permiten, en las circunstancias actuales, editar decenas de miles de ejemplares de revistas gratuitas mensualmente, ampliando el equipo de periodistas que, bien remunerados, además persiguen la publicidad de todo tipo de empresas, con la finalidad de cumplir sus objetivos que no son otros que los de informar debidamente y a cualquier coste a sus lectores de las bondades de las políticas que teóricamente desarrollan sus empleadores, los políticos locales, aunque, para ellos, las reglas del juego y del mercado parecen no contar.

Eso sí, que sepamos, sin dar a conocer la viabilidad económico financiera de tales actuaciones ni su necesidad de carácter político o social. Cuestiones estas que solamente parecen ser de importancia para la supervivencia de empresarios  como mi amigo y  todos los que arriesgamos nuestro futuro y nuestro dinero.

Pese a todo, se nos viene diciendo, desde hace tiempo, que se va a acometer la reducción de las distintas administraciones hasta un nivel razonable y acorde con la situación que vivimos. Que se van a cerrar las miles de empresas públicas que distorsionan los mercados y que escapan al control de la Administración Pública. También que se va a delimitar la acción de las distintas administraciones.

Pero, según los datos actuales solo unas pocas han desaparecido y algunos ayuntamientos e instituciones públicas intentan continuar la absurda e inapropiada labor de promotores y hasta comercializadores de pisos, plazas de garaje y servicios varios, al tiempo que devenidos en empresarios encubiertos de medios de comunicación, como es el caso que nos ocupa, sin importarles la rentabilidad de sus proyectos ni su nula necesidad.

Y mientras tanto, el Estado sigue sin cumplir la promesa de compensar a la pequeña empresa por los IVA adelantados y de que todas las administraciones cumplan la Ley y paguen a los proveedores en un plazo máximo de 45 días, lo cual ha sido claramente contestado y desautorizado por distintos responsables políticos.

En estas condiciones, nos preguntamos: ¿ De verdad nuestros políticos creen en su papel subsidiario o, en el fondo, pretenden ser los protagonistas de la economía en detrimento de los empresarios ?. Porque si los hechos desmienten continuamente sus palabras habrá que pensar que ser empresario en nuestro país tiene riesgos añadidos que difícilmente podremos sortear los que creemos en la libre empresa, en un país supuestamente libre. Y así, mi amigo ha tomado, desgraciadamente, la mejor de las decisiones. Desde aquí le deseamos lo mejor.

 

                                                        Enrique Martinez Piqueras

Presidente de FEDESMA

 

jueves, 24 de enero de 2013


¿ POR QUÉ NO NOS MANIFESTAMOS LOS EMPRESARIOS ?

 

El nivel de sacrificio de los ciudadanos en esta crisis inacabable  está alcanzando niveles que resultan insoportables para una buena parte de la población. Las cifras de paro, de aumento de la escasez e incluso de la miseria, se extienden día a día y nos angustian a todos, sin que podamos hacer nada, sin esperanza.

Se anuncian los fatídicos seis millones de desempleados, muchos de los cuales, desalentados, reconocen que ni siquiera intentan encontrar trabajo porque les resulta una tarea inútil y deprimente, al tiempo que hay casi dos millones de familias con todos sus miembros en paro, sobreviviendo con el mínimo apoyo de ayudas sociales, subsidios o en precarias condiciones en la economía sumergida.

Y mientras tanto, se siguen cerrando empresas y miles de proyectos empresariales reducen sus expectativas, se atrincheran temerosos ante las amenazas que aún nos acechan en el año actual que, a decir de todos los expertos y dadas las circunstancias y los datos que nos van llegando, promete ser el más duro, el más difícil y comprometido de la larga serie que venimos soportando.

En este panorama, salpicado de escándalos económicos, políticos y hasta institucionales, brilla la política, se multiplican las declaraciones de nuestros representantes de toda condición prometiéndonos la, para ellos, siempre cercana salida de la crisis de la que los ciudadanos en general y las decenas de miles de empresarios arruinados no somos culpables en absoluto.

¿ Y si no somos culpables los empresarios, sino también victimas, muchos nos preguntamos por qué no nos agrupamos y planteamos nuestras justas demandas y posibles soluciones en un gran acto empresarial ?.

Así se hizo al principio de la democracia y, con posterioridad, a la llegada del primer gobierno socialista, en unas circunstancias tan dramáticas como las actuales y con un nivel de incertidumbre similar al que estamos padeciendo. Unos pocos empresarios, con prestigio y liderazgo, convocaron a unos cuantos miles de desanimados colegas a actos multitudinarios en defensa de la empresa como única solución a la crisis, en los que el fervor y la fe de todos los presentes en sus proyectos se pusieron claramente de manifiesto.

El liderazgo de los promotores y su profunda convicción en la fuerza de los principios empresariales fue suficiente y las convocatorias surtieron efectos casi inmediatos. No se necesitó más que la libertad, el liderazgo y las convicciones. No se necesita más para convocar a miles de empresarios a un acto similar hoy en día.

Sin embargo, nuestra Federación, que ya intentó un acto limitado el año 2011, cuya foto acompaña este blog, sigue intentando una gran concentración multitudinaria y en los grandes foros empresariales, por decir algo, la propone insistentemente, recibiendo, desde hace años la misma e invariable respuesta: “NO ES EL MOMENTO”

Sin más explicaciones, sin más argumentos, sin debate alguno. Y, ¿ Si no es el momento, ni la sido a lo largo de estos aciagos años, cabe esperanza de que alguna vez lo sea ?.

Pregunta sin respuesta. Acaso sea porque el liderazgo ha desaparecido de las grandes patronales y los actuales dirigentes no se atreven a convocar a quienes dicen representar, temerosos de un rotundo fracaso o bien porque los políticos en el uso de su inmenso poder y dominio de la sociedad, imponen soterradamente un criterio condicionado por sus exclusivos intereses, conocedores como son de la escasa entidad actual de nuestras organizaciones.

FEDESMA lo seguirá intentando y puede ser que alguna vez, antes de que el tinglado se derrumbe, unos cuantos miles de empresarios, emprendedores de todo tipo y autónomos, se unan a nuestra propuesta.

En todo caso, siempre nos quedará el recuerdo de aquellos líderes empresariales y de la valentía con la que acometieron unas concentraciones que, en principio arriesgadas, ayudaron seriamente a devolver la esperanza perdida de muchos, colaboraron a potenciar nuestras incipientes patronales y encauzaron la economía de nuestro país.

 

 
 

 

 

lunes, 14 de enero de 2013

El Silencio de las Patronales


Sabido es que los empresarios, salvo excepciones, somos poco dados a aparecer en los medios de comunicación para otra cosa que no sea dar a conocer la realidad de nuestros proyectos o planteamientos en comparecencias que permitan publicitar el avance de nuestras empresas. La discreción suele acompañar a la labor callada de la mayor parte y esa misma discreción se traslada con más intensidad a los ámbitos en que actuamos de manera coordinada o conjunta, es decir las patronales. En las discusiones, debates o exposición de cuestiones que puedan rozar  la discrepancia pública o la necesaria intervención de los distintos agentes, sean sociales o políticos, en las organizaciones empresariales se suele imponer el silencio institucional aunque las diferencias internas sean manifiestas.

 Sin embargo, la actualidad nos está deparando noticias, comentarios, intervenciones políticas de calado en relación con múltiples asuntos de gran importancia para el presente y futuro de la economía, e incluso escándalos, en los que los empresarios, casi siempre para mal, estamos presentes o incluso somos protagonistas, sin que las distintas patronales que pudieran verse afectadas por ello, especialmente la gran patronal CEOE, parezcan darse por aludidas pese a que la proliferación de los mismos pueda estar afectando seriamente a su credibilidad.

La tendencia a lo que podemos denominar como exceso de  prudencia en los posicionamientos públicos de las organizaciones empresariales, en consecuencia,  se ha ido incrementando en estos tiempos, afectando a la producción de sus debates internos en los que parece ausentarse el sentido crítico de toda organización que pretenda, como las patronales, representar dignamente a empresarios de condiciones, dimensión y personalidades muy dispares.

Quizás se deba a un superávit de mesura, propia, como decimos, del carácter del empresario y necesaria para el desarrollo de sus proyectos, pero en momentos tan graves como los actuales  nos preguntamos si no sería bueno que los asuntos de mayor relevancia, al menos, tuvieran una respuesta institucional y bien motivada para cuestiones tan espinosas como las que abordaremos a continuación.

Empezaremos por  la CEOE, que arrastra su decadencia desde hace unos años en que se produjo el cambio de un Presidente, José María Cuevas, que había alargado en exceso su mandato en espera de encontrar un candidato de consenso que continuara su obra y tan solo unos meses después de realizado pudo comprobar cómo la gran patronal enfilaba un futuro bien distinto, aunque no por ello ni más claro ni mejor definido. Realizada la sustitución, durante un tiempo CEOE se distrajo en el debate político sobre la necesaria reforma laboral pero sin aportar más que unas escasas directrices y colaborando con ellas al desgaste político y empresarial de la organización.

Diaz Ferrán, el nuevo Presidente, en estos momentos de la más triste actualidad, más que de abrir definitivamente la patronal, se afanó en los cambios internos, sustitución de los antiguos gestores, ampliación de sus apoyos con el aumento hasta el absurdo del número de vicepresidentes, lo  que hacía inoperativos a todos ellos, cosa que había ensayado previamente en la patronal madrileña y en establecer una nueva doctrina, supuestamente liberal, que partía de la base de que “la mejor empresa pública es la que no existe”, olvidando que el grueso de sus negocios estaban centrados en la  adjudicación de la  gestión de empresas públicas y que su papel no debería ser el de ideólogo sino el de buen gestor de amplios y variados intereses empresariales y del difícil equilibrio entre todos ellos.

La industria y su falta de futuro, la debilidad de los sectores más importantes de nuestra economía, , las burbujas especulativas financiera, de la construcción y de las propias infraestructuras, la proliferación de empresas e instituciones económicas públicas que distorsionan los mercados y eluden la exigente fiscalidad de ayuntamientos y Comunidades autónomas, el desorden en el funcionamiento del mercado interior, todos estos asuntos y otros muchos más no merecieron más que insulsos debates en los órganos de gobierno de la patronal y débiles notas de prensa para cubrir el expediente.

Así, no es extraño que se hayan ido incorporando al debate y a la participación institucional otros entes creados para sustituir la incapacidad de CEOE, como el llamado Consejo para la Competitividad, representación de las grandes empresas ante las distintas instituciones, dada su escasa relevancia en dichos órganos y posiblemente conscientes de la inoperatividad y escaso valor de los mismos. Otros, como el Instituto de la Empresa Familiar y alguno más, han ido ocupando espacios institucionales y ante la opinión pública, que CEOE iba abandonando lastrada por la incapacidad de sus órganos de decisión, al tiempo que se hacía más patente su decadencia y la de muchas de sus organizaciones.

Con el obligado abandono de Díaz Ferrán se produjo un cambio cosmético con la aparente finalidad de recuperar la relevancia y el tiempo perdidos, pero con los mismos planteamientos, personas y estilo que en el periodo previo, por lo que la sensación de ausencia de la patronal de los grandes problemas que nos aquejan se ha ido incrementando y su silencio es cada día más clamoroso.

Asombra su falta de posicionamiento ante la debacle de las Cajas de Ahorro y el consiguiente hundimiento de nuestro sistema financiero, necesitado de enormes ayudas externas, sin que se haya oído una queja, reproche o análisis sereno del papel que muchos representantes de las distintas patronales han tenido, por acción, omisión o, lo que es peor, tratándose de empresarios, desconocimiento supino del marco financiero.

Igualmente sorprende su incapacidad para asumir el debate y las posibles soluciones, con un mínimo de rigor, ante  la desaparición de cientos de miles de proyectos empresariales de toda dimensión,  la desprotección de los autónomos y las pequeñas y medianas empresas, sin recursos ni ánimo para continuar, el silencio ante el marco fiscal que las ahoga y la falta de crédito, sin más que unas limitadas intervenciones para cubrir el expediente, todas ellas consecuencias de un falso cambio que no ha servido más que para   mantener a flote la antigua superestructura y los intereses de unos pocos, impuestos por el anterior Presidente de CEOE y sostenidos por el actual.

Para dentro de poco se nos anuncia una nueva Ley de Cámaras, como siempre una Ley  impuesta, para la continuidad de unas Cámaras de Comercio, también como siempre aparentemente decididas a cubrir el hueco que dejan las patronales, bien tuteladas y dirigidas por los poderes públicos, que se ocuparán de aportar sus dirigentes y, como siempre, preparadas para mantener la dicotomía entre “patronales” y “camerales”, ahondando en sus diferencias, por más que se haya presentado recientemente el nuevo y deslumbrante proyecto, aún desconocido, en un gran acto celebrado en Madrid hace poco tiempo, financiado por las empresas líderes del Consejo para la Competitividad y con la significativa ausencia de los más importantes dirigentes de la patronal, pero sin que haya salido una sola palabra de ninguno de ellos, ni aceptando ni rechazando el incierto proyecto.

Y de mercado único interior y su defensa, ni una sola palabra. Parece que la amenaza de secesión de Cataluña no fuera un problema también, de la mayor importancia para todos los empresarios y que, siguiendo el esquema definido, lo mejor es no hablar de ello, ocurra lo que ocurra. Es la discreción y la prudencia llevados hasta el último extremo aún cuando un eminente miembro catalán del nuevo equipo, el inefable Sr. Gaspart, presidente de la Comisión de Turismo de la CEOE y candidato a presidir Turespaña, acabe de declarar que “los empresarios catalanes, cuando volvemos de Madrid, nos sentimos más independentistas”.

Es fácil suponer que tal desahogo de tan relevante miembro del empresariado catalán y español, por extensión, sea analizado y, en su caso, sus palabras matizadas convenientemente pero, como en todas las cuestiones anteriores la patronal, si acaso,  se limitará a emitir un desmayado comentario para que todo continúe igual como hasta ahora. Es decir, cuesta abajo.

Enrique Martínez Piqueras
Presidente de Fedesma
 

                                        

jueves, 3 de enero de 2013

Los empresarios y el nuevo año

Con el comienzo del inquietante año 2013, iniciamos desde FEDESMA las intervenciones y las propuestas de los empresarios del ESTE de la Comunidad de Madrid, con el ánimo de aportar nuestras ideas, desde la perspectiva que nos ofrece la necesaria independencia y el espíritu crítico que todo emprendedor debiera tener y que nosotros trataremos de mantener de manera decidida.

Hemos elegido como título del blog un término náutico, RECALADA, que significa arribada de un barco, bien al puerto de destino de la navegación o a ese punto desde el cual es necesario el cambio de rumbo de la embarcación para continuar viaje al destino previsto.

Nuestra recalada, en consecuencia, no es un final de viaje sino un lugar desde el cual creemos que se deben iniciar las acciones para que, con un cambio de rumbo que nos permita una navegación segura, podamos los cientos de miles de empresarios, hastiados y desanimados por tantos errores ajenos como hemos tenido que soportar hasta el momento, iniciar o continuar una ruta despejada de incertidumbres, con una buena tripulación y el espíritu de sacrificio que caracteriza a los hombres y mujeres de empresa, como a los de la mar.

No vamos a eludir ningúna cuestión que nos afecte, por ardua y dificil que sea, ni utilizaremos el lenguaje sospechosamente asimilado al de los políticos, tan frecuente entre algunos de nuestros representantes. Partimos de la convicción de que el papel de los empresarios en una sociedad moderna es determinante y, por tanto, estamos obligados a ser claros y sinceros si queremos recuperar la confianza perdida en nuestras organizaciones empresariales, en una buena parte entregadas a los poderes públicos, cuando no claramente secuestradas por ellos.

Para empezar, queremos recordar a nuestros asociados, a los que todavia no lo son y a todos los empresarios de buena fe, que son la mayoría, que nuestro trabajo, los proyectos que acometemos, los planteamientos de futuro, los riesgos que asumimos, están basados en los valores del esfuerzo y la confianza que nos aporta el hecho de ser, seguramente, los ciudadanos más libres dentro de una sociedad libre.

Y para acabar por hoy, poner de relieve que las asociaciones de los empresarios  no son, no deben ser, el capricho o la excusa para mantener la forma de vida de unos pocos, sino una necesidad y una obligación de todos, que nuestra Constitución define bien claramente en su Título preliminar, articulo 7, cuyo texto aconsejamos analizar en este enlace : Constitución española....
Título Preliminar Artículo 7

Continuaremos la travesía, con todos los que quieran compartirla con nosotros.