viernes, 15 de febrero de 2013

La burbuja de la patronal


Que las distintas patronales están de capa caída no lo discute casi nadie y es especialmente comprobable entre los empresarios de toda dimensión, pero mucho más entre los pequeños, medianos y autónomos.

 

Hoy es difícil involucrar a empresarios en patronal alguna, sea del carácter que sea, ni tan siquiera mantenerlos con un cierto grado de confianza en las que han venido militando durante años, porque el descrédito de la inmensa mayoría hace que vayan perdiendo la ilusión de verse reflejados en ellas, cualquiera que sea su ámbito.

 

Este descrédito se ha venido labrando de manera acelerada a lo largo de los últimos años, muy especialmente desde la etapa Díaz Ferrán cuyo ascenso y caída meteóricos pusieron de relieve ante la opinión pública la levedad de los llamados órganos gestores, su carácter gregario, Asambleas y Juntas varias compuestas en su mayoría, excepciones aparte, por supuestos empresarios más preocupados por sus intereses que por los de todos.

 

La permanente ausencia de debate, la debilidad de los argumentos, cuando se han permitido exponer, la tendencia de algunos a la escalada socioeconómica, es decir a la trepa, la obediencia debida, la lealtad mal entendida, casi siempre ad hominem y  casi nunca a la institución que dicen representar, el vasallaje a los políticos, en especial a los que ostentan el mando, son todas ellas “virtudes” ajenas al empresario independiente que necesitan nuestras organizaciones y, por el contrario, son la esencia actual de gran parte de nuestras numerosas organizaciones empresariales.

 

Organizaciones que creemos necesarias, bien definidas en nuestra Constitución y, por ello, esenciales para la defensa de los intereses generales, para el llamado diálogo social y para el avance de nuestra economía.

 

Por ello es triste asistir un día sí y otro también al numerito de la política asociativa, por encima de la responsabilidad que se supone recae sobre todos y cada uno de nuestros teóricos representantes y que, a la vista de tanto acontecimiento y rotunda presencia en los medios, casi siempre para mal, no parece que hayamos acertado en su elección.

 

Últimamente asistimos al sainete político-asociativo que tiene lugar en la CEOE para analizar la conveniencia o no de mantener en su puesto de Vicepresidente y responsable de la patronal de Madrid CEIM, Arturo Fernández, acusado por alguno de sus empleados de ciertos pagos en dinero negro de una  parte de sus emolumentos, episodio que ha sido exageradamente reproducido en los medios políticos y de comunicación

 

Dejando aparte la escasa autoridad  moral de la propia CEOE, desbordada y minimizada por otras varias organizaciones, inmersa en un falaz intento de cambio de imagen con la propuesta de unos nuevos estatutos que intentan maquillar su decadencia, con propuestas que lo que en el fondo parecen pretender es la continuidad de unos dirigentes fracasados, su vanidad y sus privilegios, desde el mismo momento en que aceptaron el cambalache de la sustitución de Díaz Ferrán, la realidad es que asistimos a una pugna netamente propia de la política, escasamente empresarial. No interesa más que a los iniciados. No tiene mayor relevancia.

 

Arturo Fernández, único conocedor de su situación empresarial, decidirá aquello que le convenga pero, mientras lo hace, se ha producido el consabido movimiento de algunos para hacerse el hueco al que aspiran y que solamente obtendrían en una situación de aparente inestabilidad como la actual. Las posibles candidaturas a sustituir, aunque sea temporalmente, al Presidente de CEIM se filtran interesadamente a la prensa, unos por edad otros por antigüedad y algunos por inapropiada ambición desmedida, se postulan, en espera de apoyos mediáticos y de que la suerte les sea propicia.

 

Pero al igual que en la sustitución de los anteriores Presidentes de CEIM y CEOE, ninguno parece estar interesado en abrir el debate y en acudir a unas elecciones limpias y democráticas en busca de nuevos y mejores candidatos.

 

Con los mismos procedimientos que entonces, lo que parece que se pretende es el acuerdo interno de sustitución, como siempre, si es posible con inspiración y apoyo políticos, cambiando algunas personas para mantener todo igual de escasamente representativo.

 

Así se pueden seguir vulnerando los Estatutos y continuar el sometimiento y la cuesta abajo del legítimo asociacionismo empresarial, que no recuperaremos si no aplicamos seriamente los principios de transparencia, independencia y auténtica representatividad, dejando atrás la llamativa burbuja de la patronal en la que casi ninguno nos sentimos plenamente representados.

 

 

 

 

 

 

 

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