Los
últimos días nos han deparado a las
patronales muchas noticias y declaraciones variadas de algunos de nuestros más
conocidos representantes. A las emitidas por el Presidente de CEIM con motivo
de una investigación sobre el aparente modus operandi de su empresa en la
remuneración de algunos de sus trabajadores, se han sumado unas palabras del
presidente de CEOE, Sr. Rosell, con motivo de su asistencia al Congreso de
Comisiones Obreras, en el cual también ha hecho unas jugosas declaraciones su
reelegido secretario general Sr. Fernández Toxo.
En
cuanto a las primeras, ya hemos dicho en blog anterior que es un asunto que no
concierne más que al propio Arturo Fernández que, en función de su situación
personal deberá tomar decisiones que van más allá de su periodo de reflexión en
cuanto a su participación en CEOE. La patronal de Madrid no es ahora,
precisamente el modelo a seguir, por el incumplimiento sistemático de sus
Estatutos en los últimos años y su deriva hacia un modelo de lobby, abandonando
su vocación y estructura histórica de “organización de organizaciones”.
Arturo
Fernández tiene gran responsabilidad en ello y no creemos que si le aconsejan
abandonar las circunstancias, deba hacerlo sin una reflexión profunda de su
papel y sus obligaciones ante los empresarios de Madrid, que han visto decaer
su acción y su presencia por la levedad de sus líderes y la influencia política
en su gestión.
Por
su parte, el presidente de CEOE, Juan Rosell, ha aprovechado el Congreso de
CC.OO. para declararse partidario de la transparencia absoluta “hasta las últimas consecuencias” porque las cúpulas de las organizaciones sindicales
y patronales “deben dar ejemplo, aunque
no siempre lo hayan hecho”.
Esta
sinceridad sobrevenida, que viene a cuento por los anunciados cambios en la
próxima Asamblea de CEOE, en la que se prevén importantes modificaciones en sus Estatutos,
contrasta con la historia reciente de la organización y de sus representantes,
muchos de ellos y en especial su presidente, al igual que los presidentes de
CEIM y CEPYME, son herederos directos de la etapa de Díaz Ferrán y, en
consecuencia, escasos de la legitimidad necesaria para afrontar una nueva etapa
en la que esa condición es imprescindible.
No
hace tanto tiempo que asistíamos a acuerdos para la continuidad de unos y otros
con la intención de que todo continuara igual, a elecciones en las que volaban
los votos en blanco para asegurar los cargos y al falso encumbramiento de
tristes defensores de la independencia tutelada de los empresarios, todo lo
cual nos ha traído hasta el momento actual de decadencia de nuestras antaño
potentes organizaciones que parece querer aliviarse con palabras y frases que
muchos no creemos.
Por
ello, las palabras vacías, las grandes frases, se curan con el debate y los
hechos, padres de la transparencia que ahora se promete, pero si las personas
siguen siendo las mismas, no cabe seguir hablando de regeneración, refundación,
simbiosis y otras varios conceptos ampliamente exhibidos, sino de democracia y
aplicación estricta del espíritu que nos hizo fuertes un día. Para ser claros,
con nuevas elecciones y candidatos que garanticen todo aquello que hemos ido
perdiendo en muy pocos años. Y a eso no parece que esté apostando la CEOE.
Por
lo tanto, aunque estemos muy lejos de unos sindicatos tan anticuados como
CC.OO. nos ha parecido interesante recoger las palabras de su reelegido
Secretario General, Sr. Toxo que, a modo de reflexión ha dicho que “la presencia de los sindicatos en los
consejos de administración y en la formación, les ha producido un grave
problema reputacional”.
Esa
reflexión, no sabemos si sincera pero sin duda oportuna, se sigue echando de
menos en los discursos de nuestros dirigentes empresariales actuales, empeñados
en obviar del escaso debate cuestiones claves, cuyo análisis y profundización,
no haría más que ahondar en su probable falta de legitimidad sin un cambio
profundo de actitudes, personas y objetivos.
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