martes, 12 de febrero de 2013

El Corredor, la industria y Eurovegas


Desde hace unos años se viene observando la decadencia de la industria convencional en nuestro país, consecuencia lógica de la internacionalización de la economía, de la llamada globalización. El fenómeno afecta no solo a España, sino que es general y se produce en toda Europa, de manera especial en aquellas áreas antes especializadas en la fabricación de bienes de la industria tradicional o de consumo.

El asunto es grave por muchos motivos, pero en especial porque la industria, el sector secundario supuso el arranque de nuestra modernización y de la incorporación a un mundo exigente y competitivo. Apoyada durante muchos años en la protección del Estado, en las fronteras cerradas, en la autarquía que impuso el régimen franquista y que propició la creación de millares de industrias de todo tipo, tan dueñas del mercado interior como escasas en apoyos y capital, la industria llegó a alcanzar casi la quinta parte del producto interior bruto.

En Madrid, no nos quedamos al margen y algunas zonas, en especial el llamado Corredor del Henares se constituyó en una de las zonas industriales más sólidas de la Comunidad, extendiendo su acción hasta más allá de Guadalajara, en buena parte de Castilla la Mancha Norte.

 Muchos y muy buenos empresarios encontraron su proyecto en la industria y dedicaron ilusiones y esfuerzos e hicieron grandes inversiones en instalaciones y maquinaria moderna para tratar de  luchar en igualdad con nuestros competidores, europeos inicialmente,  comenzando a exportar sus productos tras nuestra incorporación al mercado único.

Pero a diferencia de las grandes zonas industriales de Europa, que acertaron a reconvertirse en buena medida, adelantándose a la gran apertura que significaba la globalización, nuestra industria, pese a todo escasa de ayudas y lastrada por su pobre productividad, ha ido decayendo lentamente hasta el momento actual, en que se encuentra en estado preagónico, sin ilusión ni demasiados proyectos de futuro.

La industria exige un tipo de empresarios especialmente valientes puesto que necesita de instalaciones complejas, con una fuerte radicación y dedicación a su entorno geográfico y con unas inversiones importantes en maquinaria e instalaciones complejas, así como una implicación continúa con las nuevas tecnologías. Por ello, se dice que el empresario que abandona la industria, por una u otra razón, no vuelve a ella, aunque continúe con su proyecto vital y empresarial en otros campos de la economía, menos agresivos, menos traumáticos.

Vienen estas reflexiones a cuenta de algunas cuestiones de actualidad en nuestra zona Este de Madrid que, como venimos diciendo desde siempre, no se limita al llamado Corredor del Henares, ámbito no exclusivamente madrileño aunque, como hemos dicho, de gran importancia industrial en su momento.

Por un lado, el previsible cierre de la factoría de Roca en Alcalá de Henares, símbolo de la decadencia industrial a la que aludimos y que no ha merecido demasiada atención, más allá de la informativa, especialmente por parte de los sindicatos y organizaciones empresariales locales que hace unos años se fotografiaron junto a un ensoñador proyecto de reindustrialización del Corredor del Henares sin efecto alguno hasta el momento.

 Por otro, la falta de liderazgo sindical y empresarial para empujar el proyecto de cambio a sectores como el logístico, en el que la Comunidad de Madrid tiene, desde hace años, un planteamiento ganador que, junto con los empresarios de Aragón y de la Comunidad valenciana, haría de nuestro país uno de los centros más importantes del mundo en transporte y comunicaciones, con todo lo que ello comporta de creación de riqueza y empleo, muy especialmente en nuestra zona.

Aunque, claro está, dicha opción exige ese liderazgo que parece faltar y que implicaría algo tan difícil  en la actualidad como apostar en serio por el famoso Corredor Central, que la Unión Europea tiene en stand by, hasta tanto no se aclare la “cuestión catalana”.

Y finalmente, por hoy, la operación Eurovegas, para algunos la solución a nuestros problemas de desindustrialización si se hubiera optado por su establecimiento en Paracuellos/Torrejón. Vana ilusión, porque no creemos que dentro de 15 o 20 años, cuando sea, hipotéticamente, una realidad el proyecto de juego, turismo y ocio,  hubiera podido sustituir a la gran cantidad de riqueza, conocimiento y empleo que se ha ido diluyendo, para nuestra desgracia, con la desaparición de la industria que tanto nos costó instalar.

En definitiva, vamos hacia otro tipo de sociedad, a lo que parece, porque no hay más que darse una vuelta por los diversos polígonos industriales devastados por la crisis de consumo, los impuestos municipales abusivos, unos sindicatos medievales y la falta de interés de nuestros políticos por apostar en serio por una industria moderna, eficaz y competitiva, comandada por auténticos empresarios bien respaldados en su compleja pero apasionante misión.

 

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