miércoles, 8 de mayo de 2013

El Tapón


Este lunes Mariano Rajoy visitó el Instituto de Empresa Familiar y después del discurso de rigor se enfrento a las preguntas de los empresarios. Después de muchos meses alguien conseguía libremente preguntar al Presidente. Y el que contestaba no era una televisión de plasma ni se trataba de una “rueda de prensa” sin preguntas. El presidente se vio interrogado por empresarios de verdad y lo que oyó no le gusto ni un pelo. Se sintió incomodo y los empresarios de base hicieron las preguntas que nuestros líderes empresariales no hacen. Don Mariano no tenía delante al Presidente ni de la CEOE, ni al de CEIM, creía que jugaba en casa, que los empresarios que tenía delante eran de esos pastueños cuyo negocio depende del BOE o una subvención o de llevarse bien con el poder. . . Y no. Le preguntaron gente que sabe que es pagar una nómina, que sabe que es pelear por un presupuesto y que generan riqueza de verdad. El Presidente estaba perplejo, él, que decide desde arriba quien preside o no preside las patronales. Pero ¡Ay! Presidente, no se puede elegir a los afiliados. . .  Puedes elegir que tapón poner a la botella, pero no puedes evitar que se derrame el contenido cuando la abres. Y es que nuestros políticos están acostumbrados a decidirlo todo, quien preside tal o cual ente, o asociación, o fundación. Lejos de ellos el dejar que la sociedad se organice, ELLOS SON LA REALIDAD, son como el niño que quería tapar el sol con un dedo. Así que Don Mariano preferirá reunirse con sus amigos de CEOE-CEIM, que no son tan desagradables como esos empresarios preguntones e impacientes, y que además hacen unas ensaladas y cocidos tan ricos en los catering de los ministerios. Esta forma tan sutil de representatividad se llama democracia inversa: primero elegimos al presidente y luego a los afiliados a presidir, aunque sean cuatro gatos. Lo contrario, es decir, los empresarios eligen libremente a su representante, no está bien visto en un país tan Mariano como este. Cuidado con los tapones, si la botella es de espumoso, cava o ¡qué coño! Un buen champan francés, en cuanto abres la botella el tapón sale zumbando y no hay BOE que recoja todas esas burbujas. Presidentes: la realidad os va a pasar por encima.

Manolo Beas Pérez de Tudela

Presidente de ATIEC y Vicepresidente de FEDESMA

lunes, 6 de mayo de 2013

Del ambiguo lenguaje de las patronales y la necesidad de hablar de claro


A consecuencia de las medidas dadas a conocer por el Gobierno tras el último Consejo, un torrente de críticas, más acertadas que menos , se han derramado en los medios de comunicación para mayor desánimo de ciudadanos en general y empresarios en particular.

La actualización de las previsiones económicas pospone el crecimiento real de la economía hasta bien acabada la legislatura y, en consecuencia, nos prepara ante el inevitable y continuo descenso de la actividad económica con sus terribles secuelas, en forma de desempleo astronómico, impuestos inabordables y mantenimiento de una estructura pública que engulle cualquier ingreso de las administraciones públicas, aún antes de que se produzcan.

Con este cuadro macroeconómico, no se sabe si planteado para acollonar al personal, lo que parece claro es que van a escasear los inversores en los próximos años, los propios por falta de fondos, de financiación y de ilusión y los ajenos porque no merece la pena aportar un céntimo a un país que solamente promete la ruina de las empresas y la miseria a sus trabajadores.

Ante esta avalancha de análisis pesimistas, CEOE y CEPYME, es decir sus presidentes, han emitido un comunicado, tan desmayado e inútil como casi siempre desde hace unos años, del que lo único que merece la pena destacar es su condición de políticamente correcto. Todo lo correcto y político que sus firmantes pretenden, para no enervar al Gobierno y sus ministros, que mantienen el pesebre del que esperan poder continuar alimentándose en los próximos años.

Dicen nuestros próceres que las medidas y las reformas, en el supuesto de que se puedan considerar como tales, van bien encaminadas y valoran positivamente las previsiones económicas actualizadas. A lo más que se atreven es a “destacar aquellas dirigidas a la racionalización del sector público para mejorar su agilidad y eficiencia”. Ni una palabra de más, no vaya a ser que se enojen los que mandan. Del desmadre del gasto público y sus incontables e inútiles entes y el resto de desastres, ni una palabra. Y mucho menos de la ingente mortalidad de proyectos empresariales.

Por el contrario, el Presidente del Gobierno que, dicho sea de paso se pasea  frecuentemente por la “competencia” de las patronales oficiales, ha tenido que escuchar unas cuantas frases en la Asamblea del Instituto de la  Empresa Familiar dignas de ser resaltadas, por su contenido y por la independencia de quienes las han formulado.

 “Llevamos una gran dosis de ajuste, poca de reformas y nada de estímulos”, le ha dicho su portavoz. Y el presidente del instituto, le ha dejado bien claro que “los empresarios necesitamos que se impulsen los cambios necesarios para que las empresas sean mucho más que un recurso fiscal, que sean un capital a proteger, que sean, de verdad y en definitiva, el motor de la la recuperación y no una víctima de la crisis

Entrecanales presentó al actual Gobierno como un voraz recaudador y dijo que, en su opinión, debe haber un marco que favorezca el crecimiento y no ahogue la iniciativa de las empresas. “No podemos correr el riesgo de que no compense emprender ni mantener lo que tanto hemos tardado en construir”, le dijo, además de que “hay miedo a invertir”, recordándole que el crédito al sector público subió un 20% mientras que cayó un 6% el destinado a financiar las empresas.

Como se puede ver, los lenguajes, la forma de explicar la realidad de las empresas, es muy diferente si lo hace un representante independiente, que se juega su empresa y su dinero, que si lo hace un supuesto empresario en nombre de unas igualmente supuestas organizaciones teóricamente libres e institucionalmente representativas.

De esta manera no es extraño que las grandes verdades las diga un periodista independiente, como Ansón que, en un excelente artículo publicado estos días en “el mundo”, titulado Rajoy no es capaz de reducir el Estado, expresa con total claridad lo que pensamos infinidad de empresarios : “Mariano Rajoy no es capaz de disminuir la estructura depredadora de las Cuatro Administraciones, ni de rebajar el aparato burocrático del Estado, ni de reducir el tamaño de nuestro sector público que, desde que empezó la crisis ha crecido en 10 puntos del PIB y ha decidido cumplimentar a Bruselas subiendo los impuestos, empobreciendo al sector privado”.

A nosotros nos gustan más estos mensajes que los que emiten nuestros teóricos representantes, tan sumisos con el poder, tan ambiguos, no vaya a ser que se salgan de lo políticamente correcto y acaben por decir las verdades como puños que el periodista y escritor ha enumerado en su excelente artículo, por el que le felicitamos y aconsejamos leer en su totalidad y para ello lo reproducimos en nuestro blog.

Y es que, en estos momentos, muchos creemos que es necesario hablar claro, pero sería deseable que esos mensajes fueran pronunciados, bien alto, sin dudas ni restricciones, por alguno de los nuestros.

lunes, 29 de abril de 2013

Empresarios de Madrid


De vuelta de un viaje a Qatar, en el que las noticias sobre España han escaseado, la llegada a nuestro país no ha podido ser más impactante.

Unos días fuera, en un clima multirracial, diversidad de empresarios y proyectos, predominio absoluto de negocios privados y amplia sensación de seguridad en el futuro, contrastan vivamente con la impresión del insólito vacío de nuestras empresas, políticos y dirigentes variados, ante la supremacía brutal de lo público, tras las decisiones del último Consejo de Ministros, asumiendo por años el paro infinito, la decadencia obligada, el final de la ilusión de la empresa privada, de las familias. Todo pendiente de decisiones públicas  y el futuro de cualquiera en manos de unos pocos, sin saber siquiera de quienes.

Asistiendo al Congreso Mundial de Cámaras de Comercio en Doha, uno tiene la impresión de no representar nada entre las más de 120 Cámaras de Comercio mundiales y sus 1200 delegados que tratan de adelantarse a las imposiciones de la globalización, apostando por propuestas que las interrelacionen y hagan más representativas.

El ambiente, la agenda global, dominan las ponencias, sus contenidos y sus retos. OPPORTUNITIES FOR ALL, oportunidades para todos, es el lema. Solo tres de las 82 ruinosas Cámaras españolas presentes en el evento. No más de una docena de españoles entre la muchedumbre multiétnica que persigue su lugar al sol de los negocios globales.

Sin embargo, se agradecen las reuniones con la Embajada y los empresarios españoles, organizados en el SPANISH BUSINESS COUNCIL, entidad o asociación privada que los agrupa voluntariamente, conscientes de la necesidad de la unión para el apoyo a sus proyectos, para el avance de sus contratos presentes y futuros. Todos ellos conocedores del país, de sus gentes, de los canales de negocio, de la importancia de potenciar su organización, los esfuerzos conjuntos y la marca ESPAÑA. Porque solo así podrán obtener el máximo rendimiento de su trabajo en los próximos años de grandes inversiones en el país, pese a sus escasos medios.

Es como un retorno al pasado. A aquellos años en los que los empresarios poblábamos las asociaciones, en las cuales la ilusión superaba las escasas expectativas y ninguno esperaba nada a cambio de su trabajo voluntario. Solamente el deseo del progreso general, el de todos y cada uno. Del avance de los negocios para todos: BUSINESS FOR ALL.

El regreso a España, como digo, decepcionante. Los medios de comunicación, al completo, nos trasladan la idea de que el Gobierno, en su última comparecencia, ha venido a decirnos que renuncia a cumplir sus promesas. Acepta la situación y dilata las posibles soluciones: nada de luchar contra el paro imposible, ni de potenciar la labor de los emprendedores con apoyos expresos.

La opinión generalizada es que el Gobierno no encuentra la salida y opta, como hasta ahora, por las soluciones más fáciles: aumento de tasas e impuestos, acuerdos con las Comunidades autónomas para flexibilizar sus déficits, retraso en la promulgación de la prometida Ley de Transparencia, permiso de la UE para trasladar el equilibrio de nuestras cuentas públicas hasta el 2016, vaselina y obediencia a raudales, apoyo mutuo a las entidades bancarias, pero ni una palabra sobre la necesidad imperiosa de adaptar, es decir, reducir, el sector público y sus innumerables e inútiles entes. Pese a los desmentidos, otro aumento del IVA y el IRPF flotan en el ambiente. Las pensiones en el aire. Desaparecido el crédito a las empresas.

Entre la infinidad de noticias negativas, unas declaraciones sorprendentes de los Presidentes de CEOE y CEPYME que dicen estar de acuerdo con las medidas del gobierno. Será por las No medidas, a juzgar por todos los expertos, partidos políticos incluidos. O quizás sea porque el cargo les obliga a una dosis mayor de obediencia, teniendo en cuenta sus expectativas de continuar durante unos años, como banquero ilustre el uno y acomodado perceptor de ingresos patronales el otro. El caso es que parecen ir contracorriente, pese a la inmensa gravedad que la situación supone para las perspectivas de las empresas.

Y para colmo una información, que hoy publicamos, sobre la intención del Presidente de CEIM de unir, en un futuro próximo, la patronal madrileña y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, en base a un argumento tan pedestre como que somos los mismos empresarios y, juntos, pero bien revueltos, nos vamos a llamar EMPRESARIOS DE MADRID.

Qué gran noticia, si tuviera un mínimo de lógica, porque de la posible fusión caliente se pasó a la fusión fría y, dado que los organismos a fusionar no son compatibles, se han abandonado estos términos en favor de una más que discutible SIMBIOSIS entre ambos que, en opinión de los equipos de comunicación, promete la felicidad y el éxito de la unión entre una patronal creada libre, que ha venido perdiendo el rumbo y una corporación de derecho público, sujeta a la tutela oficial y a cuantos caprichos e imposiciones partan de las filas de los que mandan.

Se dice que está al caer la nueva Ley de Cámaras, prometida y retrasada desde hace más de un año y que en ella se encuentra la ansiada solución a los problemas de unos y otros, pero nosotros nos tememos que, como tantas veces ha ocurrido, se vuelva a abrir la brecha y el resultado sea una mayor división, porque no sabemos si se han enterado pero la simbiosis puede empezar por ser mutualista, proceso en el que ambos se beneficien por igual y acabar en el parasitismo, estadio en el que unos se beneficien a costa del perjuicio de los otros.

Y mucho nos tememos que, en tal caso, estos últimos sean los EMPRESARIOS DE MADRID, antes llamados independientes.  

Enrique Martínez Piqueras

                                                                  Presidente de FEDESMA

jueves, 18 de abril de 2013

¿Es posible otra patronal diferente?


“Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y eso es, precisamente, lo que nos pasa”   (J.Ortega y Gasset)

Los empresarios nos preguntamos si en una situación tan crítica como la actual no sería bueno dejar a un lado la reconocida tendencia de nuestros dirigentes y organizaciones al pacto y la vaselina en los momentos difíciles, implicándonos con claridad a favor de soluciones que, sin alejarse demasiado de la ortodoxia imperante, suavicen la brutal caída de la actividad económica y sus secuelas en forma de desaparición de centenares de miles de empresas y millones de puestos de trabajo.

Nos preguntamos si no sería positivo posicionarnos a favor de una mayor transparencia del gobierno y de la banca en relación con el crédito a las empresas, sin el cual nada podrá volver a ser lo que fue, especialmente en lo referente a número de empresas, sectores económicos y trabajadores con perspectivas de futuro.

Pensamos que debiéramos insistir, un día si y otro también, en el desmontaje urgente de tantos centenares de empresas públicas creadas al amparo del espejismo oficial con el fin último de colocar a amigos, familiares y correligionarios, aún a costa de distorsionar los mercados y acometer proyectos imposibles o ruinosos.

Creemos estar seguros de que sin la desaparición de ese inmenso tinglado y el enorme coste que conlleva, por muchos esfuerzos de austeridad que se nos exijan nunca podremos equilibrar nuestras cuentas públicas sin acudir a la imposición de mayores impuestos y a la reducción de los derechos de los pensionistas y ciudadanos en general.

Los empresarios nos interrogamos sobre si no sería adecuado que no solamente cada uno de nosotros de forma individual, sino también nuestros dirigentes, nos dirigiéramos a la sociedad para expresar nuestro desánimo ante la continua subida de impuestos sobre el trabajo, la actividad económica y el patrimonio empresarial, que afecta de manera muy significativa a las pequeñas y medianas empresas, haciendo inviable su futuro.

También nos preguntamos sobre las razones por las cuales nuestras organizaciones no protestan de manera intensa y coordinada por las grandes subidas de tasas e impuestos municipales varios, que no mejoran la deficiente gestión municipal en relación con la actividad económica sino que se dedican en buena parte al clientelismo y al crecimiento desaforado de los ayuntamientos que han pasado a ser en muchos de ellos las primeras empresas por número de empleados en sus municipios, al tiempo que las menos eficientes.

Nos sorprende y por ello quisiéramos expresarlo, la actitud de unos sindicatos de otra época, cuyos dirigentes parecen pretender perpetuarse en sus cargos a pesar del evidente fracaso de su gestión, y su discutible función social.

Entendemos que no debiéramos eludir por más tiempo el debate sobre la carga fiscal que recae en especial sobre la pequeña y mediana empresa y la legión de autónomos, mientras la gran empresa goza de condiciones excepcionales que le permiten reducir su factura fiscal de manera importante.

Nos preguntamos insistentemente si hay algún motivo para que, a la vista de tantos escándalos públicos, económicos, administrativos,  que afectan a multitud de empresas, empresarios, administraciones y políticos varios,  nuestros representantes permanezcan mudos, sin criterio aparente.

¿ Y por qué no somos capaces de organizar el acto colectivo, tantas veces reclamado y demorado, en el que miles de empresarios reafirmemos nuestra confianza en la empresa y reclamemos respuestas urgentes y decididas a todo ello, como parte interesada e importantísima de la sociedad que somos ?.

Por lo tanto, nos preguntamos si esta situación, por anormal, puede continuar por mucho tiempo, por qué todas estas preguntas, que merecen respuestas, ni siquiera se plantean en debates abiertos y no se nos ocurre más que intentar analizar sus causas.

La conocida frase de Ortega y Gasset que encabeza este escrito, aunque expresada en un contexto diferente, nos impulsa a intentar llegar a conclusiones en relación con lo que nos pasa. Y lo cierto es que creemos saber lo que nos pasa.

Lo que nos pasa es que nuestras organizaciones, en buena medida, han sido ocupadas por gentes más próximas a los intereses políticos y personales que a los generales. Nos pasa que nuestras escasas decisiones, en consecuencia, comúnmente, están sujetas a la aprobación previa, que impide aplicarlas con la independencia necesaria. Nos pasa que los intereses personales de muchos de los que dicen militar en nuestras filas, priman sobre los intereses comunes.

Nos pasa que, aunque se dice con alguna frecuencia que hay que cambiar las cosas, no hay la menor intención de hacerlo y se incumplen los estatutos y las normas con absoluto desprecio a los derechos de todos. Nos pasa que muchos dirigentes nuestros participan o han participado en órganos mixtos de la administración o en entidades financieras, en representación de todos nosotros, sin dar cuenta de su gestión y de  sus resultados, aunque la consecuencia haya sido el desastre.

 Nos pasa mucho más, por lo que para que las patronales vuelvan a ser lo que fueron y conciten de nuevo el interés y el apoyo de los empresarios, debemos cambiar de manera radical. Debemos promover el debate y la transparencia. Debemos promocionar nuevas generaciones de dirigentes que sustituyan a los que están apegados a sus inútiles cargos. Debemos potenciar a los auténticos empresarios sobre aquellos que se engañan a si mismos al tiempo que intentan hacerlo con nosotros. Debemos cumplir los Estatutos con seriedad y firmeza.

Y por tanto, algunos hemos decidido empezar a trabajar sobre ello, a través de una plataforma que se inscribirá en internet con el título de OTRA CEIM ES POSIBLE, a la que están invitados todos los empresarios de buena fe que se sientan capaces de participar y aportar ideas e incluimos un documento de análisis sobre La estructura de CEIM y sus propuestas de solución.
 
Adjuntamos informe de la estructura de CEIM en el siguiente enlace:
Informe Estructura CEIM

lunes, 8 de abril de 2013

Sindicatos y EREs


La opinión pública está siguiendo con interés el proceso que la Juez Alaya ha relanzado en relación con la concesión de ingentes cantidades de dinero público en el llamado caso de los ERE, Expedientes de Regulación de Empleo fraudulentos de la Junta de Andalucía.

La titular del Juzgado numero 6 de Sevilla, reincorporada tras su larga indisposición, ha puesto en marcha la máquina del poder judicial y en pocos días ha comenzado a desentrañar un caso que puede superar con amplitud los peores augurios que los ciudadanos intuíamos tras la primera parte de la instrucción del sumario.

El asunto es escandaloso en sí mismo, tanto por las enormes cantidades de dinero público que se manejan, como por la intervención de multitud de políticos, beneficiarios, comisionistas, intermediarios, testaferros,  pero especialmente, en nuestra opinión, por sindicalistas de variada condición e incluso de los grandes sindicatos, posibles receptores de importantes cantidades en su papel de cooperadores activos o pasivos.

Llama la atención, en la larga trayectoria del proceso de concesión de los expedientes, que ningún responsable político de cierto nivel, más allá del pintoresco Director General de Trabajo y su insuperable, por increíble, equipo de personal de la más intima confianza, tuvieran la menor idea de lo que se ha estado gestando en Andalucía a lo largo de tantos años.

Pero, sobre todo, produce asombro el papel de los sindicatos en todo este enorme embrollo. Que los sindicatos hayan podido percibir cantidades de dinero importantes por su apoyo a los procesos de regulación de empleo sin profundizar en ellos, ni mucho ni poco según las noticias que nos llegan, sin interesarse en exceso por la continuidad o la pervivencia de las empresas o por las posibles irregularidades de la inclusión de personas ajenas a las mismas, no deja de ser una variante más del sindicalismo gregario y residual que tenemos que soportar los empresarios.

 Llevamos demasiados años aceptando pasivamente  su intervencionismo en todo tipo de actividades,  en un desempeño de su función, con frecuencia de carácter politizado y matonista que ha conducido a demasiadas empresas a la ruina o la desaparición y a centenares de miles de trabajadores al paro sin solución ni futuro, por su concepción totalitaria de la supuesta defensa de los derechos de los que dicen representar.

Cualquier empresario que se ha visto abocado a una adaptación de su empresa a las necesidades del mercado en un determinado momento, con independencia de su tamaño, sabe que ello ha tenido y tiene un coste. Por lo regular, el coste de una negociación que aumentara las indemnizaciones de los trabajadores, sin importar el futuro de empresa ni trabajadores y con alguna que otra contrapartida directa o indirecta a los propios sindicatos.

El caso de los ERE es la versión máxima de esta práctica que ha dado una fuerza y una presencia excesiva a los sindicatos, en virtud de unas leyes laborales que afortunadamente han comenzado a modernizarse. Hoy, la jueza Alaya ha empezado a poner ante la opinión pública, de manera descarnada, la intervención de sindicalistas y cómplices varios, también políticos, que han venido creyendo que el dinero público se podía utilizar como un arma para la potenciación de la acción de unos, el beneficio de los allegados, el enriquecimiento de otros y el mantenimiento artificial de un tejido productivo insostenible debido a tanto intervencionismo interesado.

La Constitución reserva un papel esencial a los agentes sociales, también a los sindicatos que limiten su papel en aquellos asuntos que les son propios, defendiendo el futuro de los trabajadores y de las empresas, con transparencia, diálogo sincero, democracia interna y en los ámbitos que les corresponden y que, desde luego deben estar bien alejados de la política y de los Consejos de Administración.

Pero ha llegado la hora de que cada uno acepte cumplir su papel, empresarios, trabajadores, políticos de toda condición, agentes sociales, porque la situación de la economía española no permite ninguna alegría y, mucho menos, noticias e irregularidades de este calado.

Nuestro agradecimiento a la juez Alaya y el deseo de que llegue hasta el fondo de tan pantanoso y putrefacto asunto.

lunes, 25 de marzo de 2013

CEIM en la encrucijada


Las últimas semanas han traído un poco de tranquilidad a la casa de los empresarios madrileños. Las muestras de abatimiento que aparentaba su Presidente, Arturo Fernández, debidas al desorbitado eco mediático de unas leves irregularidades en las nóminas de ciertos trabajadores, habían trasladado a la opinión pública y a los empresarios de la patronal la sensación de un inminente abandono, tras el “periodo de reflexión” anunciado por él mismo.

Algunos, en su afán por ayudar al desenlace, ya se habían aprestado a dar su consejo, sin duda “desinteresado”, proponiendo incluso un “ plan para un relevo ordenado y temporal ” que devolviera al Presidente las fuerzas y el ánimo supuestamente perdidos y de paso lanzar discretamente su eventual candidatura.

Así es la vida. Desde el comienzo del asunto, dijimos que la importancia que daban los medios a tan escasa materia era excesiva y sospechamos de un movimiento que respondía más al “fuego amigo” procedente de la política que de la propia clase empresarial, tan desvinculada de la gestión de nuestros líderes. Las irregularidades, de existir, tendrán un carácter leve, previsiblemente serán sustanciadas con las sanciones debidas, sin más repercusión y todo ello dormirá pronto en el olvido.

Quizás se haya debido el episodio a la escasa independencia de la patronal de los sinuosos ámbitos de la política, independencia en su grado justo tantas veces reclamada, precisamente para evitar situaciones como la vivida, que no beneficia a nadie y mucho menos a la propia institución, aunque haya permitido echar al vuelo los sueños, impropios por excesivos, de algunos a los que puede más el ansia por llegar allá donde no alcanzan sus capacidades, que el sentido común que se les presupone.

Y es que, además, también hemos dicho que Arturo Fernández es un tipo de empresario y de persona muy difícil de discutir. Sus negocios, en tercera generación, son fruto de esfuerzo, trabajo, dedicación, propios de un sector complejo en el que no se puede llegar hasta donde él ha llegado sin los méritos citados, junto con una gran fe en su proyecto y una personalidad abierta y campechana que reconocemos todos cuantos le conocemos. Quiere esto decir que es muy difícil de sustituir y que no se le conocen sucesores a corto plazo, por mucho que se intenten encontrar, dentro de la propia CEIM.

Pero todo ello no quiere decir que su presidencia ha sido perfecta o que no se haya abierto la sucesión. Bien porque el propio interesado, ante tan incómoda experiencia, haya  podido hacer un examen de conciencia que le aconseje dedicar más tiempo a sus complejos negocios que a la patronal, bien porque otros elementos para nosotros aún desconocidos le inclinen a ello, o porque simplemente crea que es el momento de recuperar una buena parte de su libertad, perdida en tarea tan ingrata y poco agradecida como es la representación institucional.

Por otro lado, para muchos de los que la componemos, CEIM hace tiempo que ha ido perdiendo su esencia por lo que procede una cierta recomposición de sus fines y objetivos. La patronal que nació como suma de asociaciones con el añadido lógico de algunas grandes empresas inclasificables en sectores o territorios concretos, ha dado en un conglomerado de empresas de todo tamaño, muchas de ellas públicas, más cerca de un lobby de intereses múltiples que de la Confederación de patronales que le dio representatividad y presencia.

Ese lobby, pastoreado por ciertos dirigentes o asociaciones de sectores, hoy en franca decadencia, domina sus órganos clave y sus debilitadas finanzas. La multitudinaria Asamblea General, deslavazado órgano supremo que dobla en número a la propia CEOE, la burocrática Junta Directiva, forzosa sustituta del desaparecido Comité Ejecutivo, la llamada Mesa de Vicepresidentes, igualmente espesa y de emergencia, junto con la conocida como mini-mesa o mesa camilla para el alivio de las urgencias del Presidente, así como alguna Comisión, como la llamada de Admisiones, cuya única finalidad es filtrar la entrada de todo aquel que disguste o incomode a sus escasos e iluminados componentes, todo ello destila un olor rancio, impropio de la gran organización abierta y transparente que, por su papel en el fomento del asociacionismo empresarial mereció el reconocimiento de “organización más representativa” en virtud de la Ley 7/95 de la Comunidad de Madrid.

Dicha Ley, que permitió su representatividad y crecimiento, hoy se usa como elemento diferenciador y excluyente, hurtando los derechos igualitarios de todos y reforzando, o intentando reforzar,  las ilusiones sucesorias de algunos que esperan ascender a las alturas en los próximos meses, con motivo de la Asamblea General Electoral.

Pero hay que advertir que, el Presidente Arturo Fernández, en las reuniones convocadas al efecto estos días con sectores y territorios, se ha comprometido a resolver las diferencias internas de todo tipo, a aplicar los estatutos tal y como fueron concebidos y respetados durante decenios y a modernizar CEIM con el mismo o parecido planteamiento que la propia CEOE está queriendo llevar a efecto en su inminente Asamblea,  para intentar devolverle el prestigio perdido, aunque para algunos tal cambio solo persiga la continuidad de los mismos personajes.

Es la única manera de preservar el papel y hasta la supervivencia de la patronal de Madrid. No pueden seguir las capillas y las exclusiones. No se debe continuar con la política buenista y presidencialista durante mucho tiempo, por más que, como hemos dicho, sea muy difícil encontrar entre nuestras filas a empresarios de dimensión, compromiso y capacidad de liderazgo suficientes para llevar adelante la tarea de la necesaria renovación.

CEIM está en un momento clave. Su Presidente tiene una gran responsabilidad. Debe introducir grandes cambios, de personas y proyectos, tanto si se va como si decide continuar, porque de no hacerlo es más que probable que, por primera vez en la historia de nuestra casa común, ya dividida, se produzcan escisiones y emerjan las contradicciones en unas elecciones alejadas de la lista y candidato único consensuado y aceptado por la inmensa mayoría, procedimiento que ha sido habitual en sus 35 años de vida.

 

  

miércoles, 13 de marzo de 2013

Patronales, cuestión de liderazgo


Decíamos al comienzo de la publicación de este blog, al que hemos dado el nombre de un término náutico, RECALADA, que iniciábamos una navegación incierta. Toda navegación es incierta porque ninguna tiene garantizada la llegada a destino, ni el éxito del viaje previsto. Las circunstancias, los elementos, la mar y sus caprichos, condicionan la navegación y exigen pericia a la tripulación para superarlos.

En los momentos más duros es importante el conocimiento del oficio, de las artes para salir airosos de los embates con que la naturaleza pone a prueba a los hombres de la mar y a su capitán. El liderazgo, basado en la experiencia y la confianza que proporcionan las muchas misiones cumplidas, la fe en sus capacidades, son los elementos esenciales para el buen fin del proyecto, tantas veces realizado.

Sobre el liderazgo en las patronales queremos hablar hoy. Porque no debiera haber una patronal sin líderes capaces de unir a los empresarios en aquello que les hace iguales, con independencia de la dimensión o el sector en que su empresa opere: la importancia de ejercer la libre empresa en un país de hombres y mujeres libres, el orgullo de dirigir nuestro destino con libertad, asumiendo  los riesgos, el futuro incierto que ello conlleva y la defensa a ultranza de los intereses comunes.

 Sin embargo, el tiempo, los avatares de la economía y de la política han ido modificando el perfil de muchos de aquellos primeros líderes empresariales que, al igual que los políticos de la transición, levantaron organizaciones fiables que atrajeron a muchos de nosotros, estableciendo las condiciones y relaciones que han dado respuesta durante largos años a las necesidades de representación y defensa de nuestras empresas.

A día de hoy, es difícil de encontrar ese tipo de empresario comprometido con los principios que inspiraron nuestra democracia y la Constitución, que deposita en las asociaciones empresariales la representación y la gestión de “los intereses que nos son propios” sin más condición de que su funcionamiento sea democrático.

Muchos de los dirigentes empresariales en la actualidad viven o aspiran a vivir de sus decadentes organizaciones y de los fondos que les han venido proporcionando subvenciones varias, alejados de los valores que se les supone por el hecho de asumir representación tan digna y de tan alta responsabilidad. Son los valores de la sinceridad, de la honradez y transparencia personales que, al igual que tantos políticos, han ido postergando en busca de su cómoda aunque insegura posición de falso liderazgo.

Porque a la crisis actual, que afecta a tantas empresas y, por tanto, a todas nuestras organizaciones, no se le puede hacer frente más con las armas de la confianza en nosotros mismos y en nuestros propios proyectos y eso incluye el rearme moral que devuelva a las asociaciones empresariales el importante papel que han jugado durante más de 30 años.

Urge la vuelta a los valores que proporcionaron a nuestros empresarios la confianza en el trabajo desinteresado y eficaz de organizaciones representativas, que las vuelva a llenar de proyectos y de ilusión colectiva, que ahuyente a los arribistas, yernócratas, políticos travestidos de empresarios y otras especies de falsos dirigentes, ausentes de la sensibilidad, los conocimientos y la transparencia necesarios para gestionar organizaciones tan complejas y diversas como lo son los intereses de todos y cada uno de nosotros, al tiempo que capaces de liderar, con coraje y liderazgo moral, los que sin duda nos unen a todos.

Y que atraiga o que retorne a los que se han ido alejando de unas prácticas y unos modos más propios de la política que de la empresa, de la imposible gestión prioritaria de tanto interés privado, de los que asuman los valores que nos hicieron fuertes y fiables.

La tarea es difícil, pero no imposible. Y a ella deberemos aplicarnos en los próximos tiempos.