miércoles, 13 de marzo de 2013

Patronales, cuestión de liderazgo


Decíamos al comienzo de la publicación de este blog, al que hemos dado el nombre de un término náutico, RECALADA, que iniciábamos una navegación incierta. Toda navegación es incierta porque ninguna tiene garantizada la llegada a destino, ni el éxito del viaje previsto. Las circunstancias, los elementos, la mar y sus caprichos, condicionan la navegación y exigen pericia a la tripulación para superarlos.

En los momentos más duros es importante el conocimiento del oficio, de las artes para salir airosos de los embates con que la naturaleza pone a prueba a los hombres de la mar y a su capitán. El liderazgo, basado en la experiencia y la confianza que proporcionan las muchas misiones cumplidas, la fe en sus capacidades, son los elementos esenciales para el buen fin del proyecto, tantas veces realizado.

Sobre el liderazgo en las patronales queremos hablar hoy. Porque no debiera haber una patronal sin líderes capaces de unir a los empresarios en aquello que les hace iguales, con independencia de la dimensión o el sector en que su empresa opere: la importancia de ejercer la libre empresa en un país de hombres y mujeres libres, el orgullo de dirigir nuestro destino con libertad, asumiendo  los riesgos, el futuro incierto que ello conlleva y la defensa a ultranza de los intereses comunes.

 Sin embargo, el tiempo, los avatares de la economía y de la política han ido modificando el perfil de muchos de aquellos primeros líderes empresariales que, al igual que los políticos de la transición, levantaron organizaciones fiables que atrajeron a muchos de nosotros, estableciendo las condiciones y relaciones que han dado respuesta durante largos años a las necesidades de representación y defensa de nuestras empresas.

A día de hoy, es difícil de encontrar ese tipo de empresario comprometido con los principios que inspiraron nuestra democracia y la Constitución, que deposita en las asociaciones empresariales la representación y la gestión de “los intereses que nos son propios” sin más condición de que su funcionamiento sea democrático.

Muchos de los dirigentes empresariales en la actualidad viven o aspiran a vivir de sus decadentes organizaciones y de los fondos que les han venido proporcionando subvenciones varias, alejados de los valores que se les supone por el hecho de asumir representación tan digna y de tan alta responsabilidad. Son los valores de la sinceridad, de la honradez y transparencia personales que, al igual que tantos políticos, han ido postergando en busca de su cómoda aunque insegura posición de falso liderazgo.

Porque a la crisis actual, que afecta a tantas empresas y, por tanto, a todas nuestras organizaciones, no se le puede hacer frente más con las armas de la confianza en nosotros mismos y en nuestros propios proyectos y eso incluye el rearme moral que devuelva a las asociaciones empresariales el importante papel que han jugado durante más de 30 años.

Urge la vuelta a los valores que proporcionaron a nuestros empresarios la confianza en el trabajo desinteresado y eficaz de organizaciones representativas, que las vuelva a llenar de proyectos y de ilusión colectiva, que ahuyente a los arribistas, yernócratas, políticos travestidos de empresarios y otras especies de falsos dirigentes, ausentes de la sensibilidad, los conocimientos y la transparencia necesarios para gestionar organizaciones tan complejas y diversas como lo son los intereses de todos y cada uno de nosotros, al tiempo que capaces de liderar, con coraje y liderazgo moral, los que sin duda nos unen a todos.

Y que atraiga o que retorne a los que se han ido alejando de unas prácticas y unos modos más propios de la política que de la empresa, de la imposible gestión prioritaria de tanto interés privado, de los que asuman los valores que nos hicieron fuertes y fiables.

La tarea es difícil, pero no imposible. Y a ella deberemos aplicarnos en los próximos tiempos.

 

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