“Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa
y eso es, precisamente, lo que nos pasa” (J.Ortega y Gasset)
Los
empresarios nos preguntamos si en una situación tan crítica como la actual no
sería bueno dejar a un lado la reconocida tendencia de nuestros dirigentes y
organizaciones al pacto y la vaselina en los momentos difíciles, implicándonos
con claridad a favor de soluciones que, sin alejarse demasiado de la ortodoxia
imperante, suavicen la brutal caída de la actividad económica y sus secuelas en
forma de desaparición de centenares de miles de empresas y millones de puestos
de trabajo.
Nos
preguntamos si no sería positivo posicionarnos a favor de una mayor
transparencia del gobierno y de la banca en relación con el crédito a las
empresas, sin el cual nada podrá volver a ser lo que fue, especialmente en lo
referente a número de empresas, sectores económicos y trabajadores con
perspectivas de futuro.
Pensamos
que debiéramos insistir, un día si y otro también, en el desmontaje urgente de
tantos centenares de empresas públicas creadas al amparo del espejismo oficial
con el fin último de colocar a amigos, familiares y correligionarios, aún a
costa de distorsionar los mercados y acometer proyectos imposibles o ruinosos.
Creemos
estar seguros de que sin la desaparición de ese inmenso tinglado y el enorme
coste que conlleva, por muchos esfuerzos de austeridad que se nos exijan nunca
podremos equilibrar nuestras cuentas públicas sin acudir a la imposición de mayores
impuestos y a la reducción de los derechos de los pensionistas y ciudadanos en
general.
Los
empresarios nos interrogamos sobre si no sería adecuado que no solamente cada
uno de nosotros de forma individual, sino también nuestros dirigentes, nos
dirigiéramos a la sociedad para expresar nuestro desánimo ante la continua
subida de impuestos sobre el trabajo, la actividad económica y el patrimonio
empresarial, que afecta de manera muy significativa a las pequeñas y medianas
empresas, haciendo inviable su futuro.
También
nos preguntamos sobre las razones por las cuales nuestras organizaciones no
protestan de manera intensa y coordinada por las grandes subidas de tasas e
impuestos municipales varios, que no mejoran la deficiente gestión municipal en
relación con la actividad económica sino que se dedican en buena parte al
clientelismo y al crecimiento desaforado de los ayuntamientos que han pasado a
ser en muchos de ellos las primeras empresas por número de empleados en sus
municipios, al tiempo que las menos eficientes.
Nos
sorprende y por ello quisiéramos expresarlo, la actitud de unos sindicatos de
otra época, cuyos dirigentes parecen pretender perpetuarse en sus cargos a
pesar del evidente fracaso de su gestión, y su discutible función social.
Entendemos
que no debiéramos eludir por más tiempo el debate sobre la carga fiscal que
recae en especial sobre la pequeña y mediana empresa y la legión de autónomos,
mientras la gran empresa goza de condiciones excepcionales que le permiten
reducir su factura fiscal de manera importante.
Nos
preguntamos insistentemente si hay algún motivo para que, a la vista de tantos
escándalos públicos, económicos, administrativos, que afectan a multitud de empresas,
empresarios, administraciones y políticos varios, nuestros representantes permanezcan mudos,
sin criterio aparente.
¿
Y por qué no somos capaces de organizar el acto colectivo, tantas veces
reclamado y demorado, en el que miles de empresarios reafirmemos nuestra
confianza en la empresa y reclamemos respuestas urgentes y decididas a todo
ello, como parte interesada e importantísima de la sociedad que somos ?.
Por
lo tanto, nos preguntamos si esta situación, por anormal, puede continuar por
mucho tiempo, por qué todas estas preguntas, que merecen respuestas, ni
siquiera se plantean en debates abiertos y no se nos ocurre más que intentar analizar
sus causas.
La
conocida frase de Ortega y Gasset que encabeza este escrito, aunque expresada
en un contexto diferente, nos impulsa a intentar llegar a conclusiones en
relación con lo que nos pasa. Y lo cierto es que creemos saber lo que nos pasa.
Lo
que nos pasa es que nuestras organizaciones, en buena medida, han sido ocupadas
por gentes más próximas a los intereses políticos y personales que a los
generales. Nos pasa que nuestras escasas decisiones, en consecuencia,
comúnmente, están sujetas a la aprobación previa, que impide aplicarlas con la
independencia necesaria. Nos pasa que los intereses personales de muchos de los
que dicen militar en nuestras filas, priman sobre los intereses comunes.
Nos
pasa que, aunque se dice con alguna frecuencia que hay que cambiar las cosas,
no hay la menor intención de hacerlo y se incumplen los estatutos y las normas
con absoluto desprecio a los derechos de todos. Nos pasa que muchos dirigentes
nuestros participan o han participado en órganos mixtos de la administración o
en entidades financieras, en representación de todos nosotros, sin dar cuenta
de su gestión y de sus resultados,
aunque la consecuencia haya sido el desastre.
Nos pasa mucho más, por lo que para que las
patronales vuelvan a ser lo que fueron y conciten de nuevo el interés y el
apoyo de los empresarios, debemos cambiar de manera radical. Debemos promover
el debate y la transparencia. Debemos promocionar nuevas generaciones de
dirigentes que sustituyan a los que están apegados a sus inútiles cargos.
Debemos potenciar a los auténticos empresarios sobre aquellos que se engañan a
si mismos al tiempo que intentan hacerlo con nosotros. Debemos cumplir los
Estatutos con seriedad y firmeza.
Y
por tanto, algunos hemos decidido empezar a trabajar sobre ello, a través de
una plataforma que se inscribirá en internet con el título de OTRA CEIM ES POSIBLE, a la que están
invitados todos los empresarios de buena fe que se sientan capaces de
participar y aportar ideas e incluimos un documento de análisis sobre La
estructura de CEIM y sus propuestas de solución.
Adjuntamos informe de la estructura de CEIM en el siguiente enlace:
Informe Estructura CEIM
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