lunes, 6 de mayo de 2013

Del ambiguo lenguaje de las patronales y la necesidad de hablar de claro


A consecuencia de las medidas dadas a conocer por el Gobierno tras el último Consejo, un torrente de críticas, más acertadas que menos , se han derramado en los medios de comunicación para mayor desánimo de ciudadanos en general y empresarios en particular.

La actualización de las previsiones económicas pospone el crecimiento real de la economía hasta bien acabada la legislatura y, en consecuencia, nos prepara ante el inevitable y continuo descenso de la actividad económica con sus terribles secuelas, en forma de desempleo astronómico, impuestos inabordables y mantenimiento de una estructura pública que engulle cualquier ingreso de las administraciones públicas, aún antes de que se produzcan.

Con este cuadro macroeconómico, no se sabe si planteado para acollonar al personal, lo que parece claro es que van a escasear los inversores en los próximos años, los propios por falta de fondos, de financiación y de ilusión y los ajenos porque no merece la pena aportar un céntimo a un país que solamente promete la ruina de las empresas y la miseria a sus trabajadores.

Ante esta avalancha de análisis pesimistas, CEOE y CEPYME, es decir sus presidentes, han emitido un comunicado, tan desmayado e inútil como casi siempre desde hace unos años, del que lo único que merece la pena destacar es su condición de políticamente correcto. Todo lo correcto y político que sus firmantes pretenden, para no enervar al Gobierno y sus ministros, que mantienen el pesebre del que esperan poder continuar alimentándose en los próximos años.

Dicen nuestros próceres que las medidas y las reformas, en el supuesto de que se puedan considerar como tales, van bien encaminadas y valoran positivamente las previsiones económicas actualizadas. A lo más que se atreven es a “destacar aquellas dirigidas a la racionalización del sector público para mejorar su agilidad y eficiencia”. Ni una palabra de más, no vaya a ser que se enojen los que mandan. Del desmadre del gasto público y sus incontables e inútiles entes y el resto de desastres, ni una palabra. Y mucho menos de la ingente mortalidad de proyectos empresariales.

Por el contrario, el Presidente del Gobierno que, dicho sea de paso se pasea  frecuentemente por la “competencia” de las patronales oficiales, ha tenido que escuchar unas cuantas frases en la Asamblea del Instituto de la  Empresa Familiar dignas de ser resaltadas, por su contenido y por la independencia de quienes las han formulado.

 “Llevamos una gran dosis de ajuste, poca de reformas y nada de estímulos”, le ha dicho su portavoz. Y el presidente del instituto, le ha dejado bien claro que “los empresarios necesitamos que se impulsen los cambios necesarios para que las empresas sean mucho más que un recurso fiscal, que sean un capital a proteger, que sean, de verdad y en definitiva, el motor de la la recuperación y no una víctima de la crisis

Entrecanales presentó al actual Gobierno como un voraz recaudador y dijo que, en su opinión, debe haber un marco que favorezca el crecimiento y no ahogue la iniciativa de las empresas. “No podemos correr el riesgo de que no compense emprender ni mantener lo que tanto hemos tardado en construir”, le dijo, además de que “hay miedo a invertir”, recordándole que el crédito al sector público subió un 20% mientras que cayó un 6% el destinado a financiar las empresas.

Como se puede ver, los lenguajes, la forma de explicar la realidad de las empresas, es muy diferente si lo hace un representante independiente, que se juega su empresa y su dinero, que si lo hace un supuesto empresario en nombre de unas igualmente supuestas organizaciones teóricamente libres e institucionalmente representativas.

De esta manera no es extraño que las grandes verdades las diga un periodista independiente, como Ansón que, en un excelente artículo publicado estos días en “el mundo”, titulado Rajoy no es capaz de reducir el Estado, expresa con total claridad lo que pensamos infinidad de empresarios : “Mariano Rajoy no es capaz de disminuir la estructura depredadora de las Cuatro Administraciones, ni de rebajar el aparato burocrático del Estado, ni de reducir el tamaño de nuestro sector público que, desde que empezó la crisis ha crecido en 10 puntos del PIB y ha decidido cumplimentar a Bruselas subiendo los impuestos, empobreciendo al sector privado”.

A nosotros nos gustan más estos mensajes que los que emiten nuestros teóricos representantes, tan sumisos con el poder, tan ambiguos, no vaya a ser que se salgan de lo políticamente correcto y acaben por decir las verdades como puños que el periodista y escritor ha enumerado en su excelente artículo, por el que le felicitamos y aconsejamos leer en su totalidad y para ello lo reproducimos en nuestro blog.

Y es que, en estos momentos, muchos creemos que es necesario hablar claro, pero sería deseable que esos mensajes fueran pronunciados, bien alto, sin dudas ni restricciones, por alguno de los nuestros.

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