A
consecuencia de las medidas dadas a conocer por el Gobierno tras el último
Consejo, un torrente de críticas, más acertadas que menos , se han derramado en
los medios de comunicación para mayor desánimo de ciudadanos en general y
empresarios en particular.
La
actualización de las previsiones económicas pospone el crecimiento real de la
economía hasta bien acabada la legislatura y, en consecuencia, nos prepara ante
el inevitable y continuo descenso de la actividad económica con sus terribles
secuelas, en forma de desempleo astronómico, impuestos inabordables y
mantenimiento de una estructura pública que engulle cualquier ingreso de las
administraciones públicas, aún antes de que se produzcan.
Con
este cuadro macroeconómico, no se sabe si planteado para acollonar al personal,
lo que parece claro es que van a escasear los inversores en los próximos años,
los propios por falta de fondos, de financiación y de ilusión y los ajenos
porque no merece la pena aportar un céntimo a un país que solamente promete la
ruina de las empresas y la miseria a sus trabajadores.
Ante
esta avalancha de análisis pesimistas, CEOE y CEPYME, es decir sus presidentes,
han emitido un comunicado, tan desmayado e inútil como casi siempre desde hace
unos años, del que lo único que merece la pena destacar es su condición de
políticamente correcto. Todo lo correcto y político que sus firmantes
pretenden, para no enervar al Gobierno y sus ministros, que mantienen el
pesebre del que esperan poder continuar alimentándose en los próximos años.
Dicen
nuestros próceres que las medidas y las reformas, en el supuesto de que se
puedan considerar como tales, van bien encaminadas y valoran positivamente las
previsiones económicas actualizadas. A lo más que se atreven es a “destacar aquellas dirigidas a la
racionalización del sector público para mejorar su agilidad y eficiencia”.
Ni una palabra de más, no vaya a ser que se enojen los que mandan. Del desmadre
del gasto público y sus incontables e inútiles entes y el resto de desastres,
ni una palabra. Y mucho menos de la ingente mortalidad de proyectos
empresariales.
Por
el contrario, el Presidente del Gobierno que, dicho sea de paso se pasea frecuentemente por la “competencia” de las patronales
oficiales, ha tenido que escuchar unas cuantas frases en la Asamblea del
Instituto de la Empresa Familiar dignas
de ser resaltadas, por su contenido y por la independencia de quienes las han
formulado.
“Llevamos una gran dosis de ajuste, poca de
reformas y nada de estímulos”, le ha dicho su portavoz. Y el presidente
del instituto, le ha dejado bien claro que “los
empresarios necesitamos que se impulsen
los cambios necesarios para que las empresas sean mucho más que un recurso
fiscal, que sean un capital a proteger, que sean, de verdad y en definitiva, el
motor de la la recuperación y no una víctima de la crisis”
Entrecanales
presentó al actual Gobierno como un voraz recaudador y dijo que, en su opinión,
debe haber un marco que favorezca el crecimiento y no ahogue la iniciativa de
las empresas. “No podemos correr el
riesgo de que no compense emprender ni mantener lo que tanto hemos tardado en
construir”, le dijo, además de que “hay
miedo a invertir”, recordándole que el crédito al sector público subió un
20% mientras que cayó un 6% el destinado a financiar las empresas.
Como
se puede ver, los lenguajes, la forma de explicar la realidad de las empresas,
es muy diferente si lo hace un representante independiente, que se juega su
empresa y su dinero, que si lo hace un supuesto empresario en nombre de unas
igualmente supuestas organizaciones teóricamente libres e institucionalmente
representativas.
De
esta manera no es extraño que las grandes verdades las diga un periodista
independiente, como Ansón que, en un excelente artículo publicado estos días en
“el mundo”, titulado Rajoy no es capaz
de reducir el Estado, expresa con total claridad lo que pensamos infinidad
de empresarios : “Mariano Rajoy no es
capaz de disminuir la estructura depredadora de las Cuatro Administraciones, ni
de rebajar el aparato burocrático del Estado, ni de reducir el tamaño de
nuestro sector público que, desde que empezó la crisis ha crecido en 10 puntos
del PIB y ha decidido cumplimentar a Bruselas subiendo los impuestos,
empobreciendo al sector privado”.
A
nosotros nos gustan más estos mensajes que los que emiten nuestros teóricos
representantes, tan sumisos con el poder, tan ambiguos, no vaya a ser que se
salgan de lo políticamente correcto y acaben por decir las verdades como puños
que el periodista y escritor ha enumerado en su excelente artículo, por el que
le felicitamos y aconsejamos leer en su totalidad y para ello lo reproducimos
en nuestro blog.
Y
es que, en estos momentos, muchos creemos que es necesario hablar claro, pero
sería deseable que esos mensajes fueran pronunciados, bien alto, sin dudas ni
restricciones, por alguno de los nuestros.
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