martes, 21 de mayo de 2013
LOS LLAMADOS AGENTES SOCIALES, LAS CÁMARAS DE COMERCIO Y OTROS EMBROLLOS POLITICOS (I)
Constitución española de 1978 : TITULO PRELIMINAR : Artículo 7
“Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento, deberán ser democráticos”.
Con este respaldo, entre el artículo 6 dedicado a los partidos políticos con una redacción similar y el artículo 8 dedicado a las fuerzas armadas, la Constitución española marcó el camino a los nuevos sindicatos y a las organizaciones libres de los empresarios, dotándolos de identidad constitucional propia, al estilo de los grandes Textos constitucionales europeos.
Desmantelado el tinglado de los sindicatos verticales del franquismo, alojamiento obligado de unos y otros, superada ampliamente la formulación del régimen de libertades de la Constitución Republicana, los sindicatos no tuvieron demasiados problemas para legitimarse y comenzar su acción, aún cuando muchas empresas no estaban preparadas ante un cambio tan radical como el que intentaron imponer y las crisis empresariales y los problemas derivados del nuevo modelo fueron sus primeras consecuencias.
Los políticos de entonces, alarmados por una situación de conflictividad creciente, trataron de encauzar las situaciones de riesgo por la vía más sencilla: apoyo a los derechos de los trabajadores plasmados en leyes tan obsoletas como el propio franquismo del que procedían y pasividad, cuando no apoyo expreso a los nuevos sindicatos, ante la conflictividad creciente, la desaparición de empresas, el desánimo empresarial y la falta de un tejido asociativo de los empresarios capaz de afrontar los enormes retos que se planteaban a diario.
Por suerte para todos, empresarios importantes, algunos desgraciadamente desaparecidos, otros en el olvido o alejados de los postulados actuales, hicieron frente a la situación y constituyeron las primeras organizaciones libres, liderándolas con honradez y coraje, promoviendo un asociacionismo sano, transparente, representativo de la multitud de pequeños, medianos y grandes empresarios desorientados. Entre grandes y menores actos de reivindicación, nació la gran patronal CEOE que fue capaz de ayudar a cambiar la situación, moderar a los sindicatos y convencer a los políticos, siempre escépticos, de la importancia de su función en beneficio del interés general.
Muchos años después, todo ha cambiado. En poco tiempo, por culpa de unos y otros, sindicatos y patronales han ido perdiendo peso y presencia, aunque no legitimidad. Los desaparecidos liderazgos limpios e independientes, tan necesarios para hacer fiable el sistema, han dado paso a los gestores de intereses múltiples y, a veces, inconfesables, provocando la desafección generalizada de trabajadores y empresarios que reniegan de un sistema concebido para defenderles pero que, en los momentos actuales, los más duros de la democracia, han quedado en la denominación tan simple como inútil de AGENTES SOCIALES, dedicados por entero a la foto con los políticos en actos sin más contenido que el de apoyar la confusa idea de estos sobre las necesarias estabilidad y gobernabilidad, muy por delante de los intereses comunes.
Es el precio pagado por el “pecado original” de haber sido depositarios de la voluntad popular en la ambiciosa formulación de la Constitución española. En palabras del escritor Muñoz Molina, en su reciente libro “Todo lo que era sólido”, el tinglado de todo lo que parecía firme y próspero ahora se hunde ante nuestros ojos: para que todo eso fuera posible hizo falta que se juntaran la quiebra de la legalidad, la ambición del poder político y la codicia, pero también la suspensión del espíritu crítico.
Lo que nos queda ahora son patronales más entregadas al poder político que a los intereses de empresarios y trabajadores, no necesariamente coincidentes, compuestas en su gran mayoría por dirigentes poco propensos a admitir la crítica, el debate abierto ni a potenciar los liderazgos y el asociacionismo generalizado, que han sido los ejes motores de unas organizaciones antes libres y ahora cautivas de sus propias incapacidades para cumplir el papel que les asigna la Constitución de defensa y promoción de todos aquellos intereses que nos son propios, sin más condición que el respeto a la propia Constitución y a la ley.
Nos quedan patronales que incumplen clamorosamente sus propios Estatutos y la obligación de su funcionamiento democrático, sin una sola queja de sus órganos de gobierno. O que mezclan confusamente los distintos órganos directivos y de gobierno, para preservar intereses personales, políticos o ambas cosas. O que, ante la fragmentación de patronales, todas ellas legítimas, esconden su evidente incapacidad bien limitando la participación de alguna que otra o bien solicitando vergonzantemente puestos clave que preserven su representatividad, en aquellas constituidas por los poderosos que, hartos de tanta inanidad, deciden crear nuevos foros para la mejor defensa de sus intereses.
Es la política en estado puro trasladada al ámbito empresarial. El fracaso de un sistema bendecido por casi todos y arrinconado por unos pocos. Y ahora, para colmo, se nos echa encima, con toda su crudeza, el asunto de las Cámaras de Comercio, Industria y Servicios (antes Navegación) que, por su relevancia, dejaré para el próximo capítulo, no sin antes decir que, en opinión de muchos de nosotros, puede significar la muerte definitiva de tantas patronales que se encuentran en tratamiento asistido pero, sobre todo, un nuevo ataque a esa Constitución que algunos políticos parecen querer incumplir, con un desprecio manifiesto y muchas veces público y desafiante.
Enrique Martínez Piqueras
Presidente de FEDESMA, Vicepresidente de CEIM
Miembro del Pleno de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid y de la Asamblea de CEOE
lunes, 13 de mayo de 2013
Nueva Ley de Cámaras; Réquiem por las patronales libres
El
último Consejo de Ministros ha aprobado el anteproyecto de la nueva Ley de
Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, que lleva anunciándose largos
meses y que se ha venido tramitando con un absoluto secretismo pero sin la
intervención de los empresarios, ni tan siquiera de los pertenecientes a los
Plenos de las 88 Cámaras de Comercio que componen el propio Consejo de Cámaras,
que hemos desconocido su contenido en todo momento.
De
acuerdo con su articulado, este organismo, reconocidamente inútil, pasará a ser
la Cámara de Comercio de España, con la finalidad de contribuir al loable
esfuerzo conjunto en la internacionalización de la empresa española. Pretende
la acción de todas las de carácter oficial, con el apoyo de las Cámaras de
Comercio de España en el exterior, de carácter privado, reforzando así la marca
ESPAÑA y el prestigio de nuestros productos en el exterior.
Loable
objetivo, sin duda, que deseamos se alcance, pese a que el sistema escogido es
el peor de los posibles. Al menos es lo que parece, a juzgar por los escasos
datos que se nos han avanzado y que
parece mezclar conceptos tan dispares como la continuación de la pertenencia obligada de todas las empresas,
sin necesidad de pago obligatorio alguno, junto con mayores derechos para
aquellas empresas que aporten cuotas voluntariamente, aún cuando la
vicepresidenta del Gobierno aseguró que la misión fundamental es vigilar por
los derechos de las pequeñas y medianas empresas.
Difícil
misión cuando, en opinión de muchos de nosotros, lo que se intenta es
potenciarlas, ampliando su campo, abriendo la puerta a que las grandes empresas
controlen, de manera efectiva y con apoyo de las Comunidades autónomas, todos y
cada uno de los órganos de gobierno y ejecutivos de unos entes que continúan
siendo corporaciones de derecho público, ampliamente tuteladas por los responsables
políticos y, en consecuencia, limitar la acción de las organizaciones
empresariales teóricamente libres e independientes que habían tratado de
controlar su actividad, fracasando en el intento.
Lejos
están las palabras de José María Cuevas dirigidas al gobierno de Felipe
González. “Las mejores Cámaras de
comercio son las que no existen”, asumidas por el entonces candidato de la
oposición Rodrigo Rato que aseguró que cambiaría la Ley cuando llegara al
Gobierno, en apoyo a las patronales libres que establece la Constitución. Y
claro que cambió la Ley, pero para situar a su hombre de confianza, Fernández
Norniellas, al frente de un politizado y excluyente Consejo Superior de
Cámaras, hoy definitivamente defenestrado en beneficio de la marca ESPAÑA.
Lejos
están también los esfuerzos de tantos buenos empresarios comprometidos con las
patronales auténticas que, una vez más, comprueban como su trabajo y sus
convicciones son sepultados por los intereses de los políticos que desconfían
de la sociedad y tratan de identificar los intereses generales con sus propios
intereses, para evitar las posibles y molestas interferencias que la libertad y
la democracia puedan ejercer sobre su caótica y ocultista gestión.
A
falta de su debate en el Congreso de los Diputados, mucho nos tememos que el
resto de las fuerzas políticas permitan finalizar el trabajo, ya bien avanzado,
de debilitamiento y control político de las organizaciones libres de los
empresarios, con la puesta en marcha de un nuevo y potente ente público, como
siempre repleto de personajes travestidos de emprendedores, yernócratas y otras
especies extraídas de la política , cada vez más conocidas entre nosotros.
Y
a los empresarios que hemos creído, ingenuamente, en unas patronales libres
como la Constitución determina, no nos quedará más que entonar un sentido
réquiem por su desaparición efectiva y la nostalgia de los pocos tiempos buenos
que tuvimos, convencidos de que nuestro trabajo hubiera podido servir para
algo.
miércoles, 8 de mayo de 2013
El Tapón
Este
lunes Mariano Rajoy visitó el Instituto de Empresa Familiar y después del
discurso de rigor se enfrento a las preguntas de los empresarios. Después de
muchos meses alguien conseguía libremente preguntar al Presidente. Y el que
contestaba no era una televisión de plasma ni se trataba de una “rueda de
prensa” sin preguntas. El presidente se vio interrogado por empresarios de
verdad y lo que oyó no le gusto ni un pelo. Se sintió incomodo y los empresarios
de base hicieron las preguntas que nuestros líderes empresariales no hacen. Don
Mariano no tenía delante al Presidente ni de la CEOE, ni al de CEIM, creía que
jugaba en casa, que los empresarios que tenía delante eran de esos pastueños
cuyo negocio depende del BOE o una subvención o de llevarse bien con el poder.
. . Y no. Le preguntaron gente que sabe que es pagar una nómina, que sabe que
es pelear por un presupuesto y que generan riqueza de verdad. El Presidente
estaba perplejo, él, que decide desde arriba quien preside o no preside las
patronales. Pero ¡Ay! Presidente, no se puede elegir a los afiliados. . . Puedes elegir que tapón poner a la botella,
pero no puedes evitar que se derrame el contenido cuando la abres. Y es que
nuestros políticos están acostumbrados a decidirlo todo, quien preside tal o
cual ente, o asociación, o fundación. Lejos de ellos el dejar que la sociedad
se organice, ELLOS SON LA REALIDAD, son como el niño que quería tapar el sol
con un dedo. Así que Don Mariano preferirá reunirse con sus amigos de
CEOE-CEIM, que no son tan desagradables como esos empresarios preguntones e
impacientes, y que además hacen unas ensaladas y cocidos tan ricos en los catering
de los ministerios. Esta forma tan sutil de representatividad se llama
democracia inversa: primero elegimos al presidente y luego a los afiliados a
presidir, aunque sean cuatro gatos. Lo contrario, es decir, los empresarios
eligen libremente a su representante, no está bien visto en un país tan Mariano
como este. Cuidado con los tapones, si la botella es de espumoso, cava o ¡qué
coño! Un buen champan francés, en cuanto abres la botella el tapón sale
zumbando y no hay BOE que recoja todas esas burbujas. Presidentes: la realidad
os va a pasar por encima.
Manolo Beas Pérez de Tudela
Presidente de ATIEC y Vicepresidente
de FEDESMA
lunes, 6 de mayo de 2013
Del ambiguo lenguaje de las patronales y la necesidad de hablar de claro
A
consecuencia de las medidas dadas a conocer por el Gobierno tras el último
Consejo, un torrente de críticas, más acertadas que menos , se han derramado en
los medios de comunicación para mayor desánimo de ciudadanos en general y
empresarios en particular.
La
actualización de las previsiones económicas pospone el crecimiento real de la
economía hasta bien acabada la legislatura y, en consecuencia, nos prepara ante
el inevitable y continuo descenso de la actividad económica con sus terribles
secuelas, en forma de desempleo astronómico, impuestos inabordables y
mantenimiento de una estructura pública que engulle cualquier ingreso de las
administraciones públicas, aún antes de que se produzcan.
Con
este cuadro macroeconómico, no se sabe si planteado para acollonar al personal,
lo que parece claro es que van a escasear los inversores en los próximos años,
los propios por falta de fondos, de financiación y de ilusión y los ajenos
porque no merece la pena aportar un céntimo a un país que solamente promete la
ruina de las empresas y la miseria a sus trabajadores.
Ante
esta avalancha de análisis pesimistas, CEOE y CEPYME, es decir sus presidentes,
han emitido un comunicado, tan desmayado e inútil como casi siempre desde hace
unos años, del que lo único que merece la pena destacar es su condición de
políticamente correcto. Todo lo correcto y político que sus firmantes
pretenden, para no enervar al Gobierno y sus ministros, que mantienen el
pesebre del que esperan poder continuar alimentándose en los próximos años.
Dicen
nuestros próceres que las medidas y las reformas, en el supuesto de que se
puedan considerar como tales, van bien encaminadas y valoran positivamente las
previsiones económicas actualizadas. A lo más que se atreven es a “destacar aquellas dirigidas a la
racionalización del sector público para mejorar su agilidad y eficiencia”.
Ni una palabra de más, no vaya a ser que se enojen los que mandan. Del desmadre
del gasto público y sus incontables e inútiles entes y el resto de desastres,
ni una palabra. Y mucho menos de la ingente mortalidad de proyectos
empresariales.
Por
el contrario, el Presidente del Gobierno que, dicho sea de paso se pasea frecuentemente por la “competencia” de las patronales
oficiales, ha tenido que escuchar unas cuantas frases en la Asamblea del
Instituto de la Empresa Familiar dignas
de ser resaltadas, por su contenido y por la independencia de quienes las han
formulado.
“Llevamos una gran dosis de ajuste, poca de
reformas y nada de estímulos”, le ha dicho su portavoz. Y el presidente
del instituto, le ha dejado bien claro que “los
empresarios necesitamos que se impulsen
los cambios necesarios para que las empresas sean mucho más que un recurso
fiscal, que sean un capital a proteger, que sean, de verdad y en definitiva, el
motor de la la recuperación y no una víctima de la crisis”
Entrecanales
presentó al actual Gobierno como un voraz recaudador y dijo que, en su opinión,
debe haber un marco que favorezca el crecimiento y no ahogue la iniciativa de
las empresas. “No podemos correr el
riesgo de que no compense emprender ni mantener lo que tanto hemos tardado en
construir”, le dijo, además de que “hay
miedo a invertir”, recordándole que el crédito al sector público subió un
20% mientras que cayó un 6% el destinado a financiar las empresas.
Como
se puede ver, los lenguajes, la forma de explicar la realidad de las empresas,
es muy diferente si lo hace un representante independiente, que se juega su
empresa y su dinero, que si lo hace un supuesto empresario en nombre de unas
igualmente supuestas organizaciones teóricamente libres e institucionalmente
representativas.
De
esta manera no es extraño que las grandes verdades las diga un periodista
independiente, como Ansón que, en un excelente artículo publicado estos días en
“el mundo”, titulado Rajoy no es capaz
de reducir el Estado, expresa con total claridad lo que pensamos infinidad
de empresarios : “Mariano Rajoy no es
capaz de disminuir la estructura depredadora de las Cuatro Administraciones, ni
de rebajar el aparato burocrático del Estado, ni de reducir el tamaño de
nuestro sector público que, desde que empezó la crisis ha crecido en 10 puntos
del PIB y ha decidido cumplimentar a Bruselas subiendo los impuestos,
empobreciendo al sector privado”.
A
nosotros nos gustan más estos mensajes que los que emiten nuestros teóricos
representantes, tan sumisos con el poder, tan ambiguos, no vaya a ser que se
salgan de lo políticamente correcto y acaben por decir las verdades como puños
que el periodista y escritor ha enumerado en su excelente artículo, por el que
le felicitamos y aconsejamos leer en su totalidad y para ello lo reproducimos
en nuestro blog.
Y
es que, en estos momentos, muchos creemos que es necesario hablar claro, pero
sería deseable que esos mensajes fueran pronunciados, bien alto, sin dudas ni
restricciones, por alguno de los nuestros.
lunes, 29 de abril de 2013
Empresarios de Madrid
De
vuelta de un viaje a Qatar, en el que las noticias sobre España han escaseado,
la llegada a nuestro país no ha podido ser más impactante.
Unos
días fuera, en un clima multirracial, diversidad de empresarios y proyectos, predominio
absoluto de negocios privados y amplia sensación de seguridad en el futuro, contrastan vivamente con la
impresión del insólito vacío de nuestras empresas, políticos y dirigentes
variados, ante la supremacía brutal de lo público, tras las decisiones del
último Consejo de Ministros, asumiendo por años el paro infinito, la decadencia
obligada, el final de la ilusión de la empresa privada, de las familias. Todo
pendiente de decisiones públicas y el futuro
de cualquiera en manos de unos pocos, sin saber siquiera de quienes.
Asistiendo
al Congreso Mundial de Cámaras de Comercio en Doha, uno tiene la impresión de
no representar nada entre las más de 120 Cámaras de Comercio mundiales y sus
1200 delegados que tratan de adelantarse a las imposiciones de la globalización,
apostando por propuestas que las interrelacionen y hagan más representativas.
El
ambiente, la agenda global, dominan las ponencias, sus contenidos y sus retos.
OPPORTUNITIES FOR ALL, oportunidades para todos, es el lema. Solo tres de las
82 ruinosas Cámaras españolas presentes en el evento. No más de una docena de españoles
entre la muchedumbre multiétnica que persigue su lugar al sol de los negocios
globales.
Sin
embargo, se agradecen las reuniones con la Embajada y los empresarios españoles,
organizados en el SPANISH BUSINESS COUNCIL, entidad o asociación privada que
los agrupa voluntariamente, conscientes de la necesidad de la unión para el
apoyo a sus proyectos, para el avance de sus contratos presentes y futuros.
Todos ellos conocedores del país, de sus gentes, de los canales de negocio, de
la importancia de potenciar su organización, los esfuerzos conjuntos y la marca
ESPAÑA. Porque solo así podrán obtener el máximo rendimiento de su trabajo en
los próximos años de grandes inversiones en el país, pese a sus escasos medios.
Es
como un retorno al pasado. A aquellos años en los que los empresarios
poblábamos las asociaciones, en las cuales la ilusión superaba las escasas
expectativas y ninguno esperaba nada a cambio de su trabajo voluntario.
Solamente el deseo del progreso general, el de todos y cada uno. Del avance de
los negocios para todos: BUSINESS FOR ALL.
El
regreso a España, como digo, decepcionante. Los medios de comunicación, al
completo, nos trasladan la idea de que el Gobierno, en su última comparecencia,
ha venido a decirnos que renuncia a cumplir sus promesas. Acepta la situación y
dilata las posibles soluciones: nada de luchar contra el paro imposible, ni de
potenciar la labor de los emprendedores con apoyos expresos.
La
opinión generalizada es que el Gobierno no encuentra la salida y opta, como
hasta ahora, por las soluciones más fáciles: aumento de tasas e impuestos,
acuerdos con las Comunidades autónomas para flexibilizar sus déficits, retraso
en la promulgación de la prometida Ley de Transparencia, permiso de la UE para
trasladar el equilibrio de nuestras cuentas públicas hasta el 2016, vaselina y
obediencia a raudales, apoyo mutuo a las entidades bancarias, pero ni una
palabra sobre la necesidad imperiosa de adaptar, es decir, reducir, el sector
público y sus innumerables e inútiles entes. Pese a los desmentidos, otro
aumento del IVA y el IRPF flotan en el ambiente. Las pensiones en el aire.
Desaparecido el crédito a las empresas.
Entre
la infinidad de noticias negativas, unas declaraciones sorprendentes de los
Presidentes de CEOE y CEPYME que dicen estar de acuerdo con las medidas del
gobierno. Será por las No medidas, a juzgar por todos los expertos, partidos
políticos incluidos. O quizás sea porque el cargo les obliga a una dosis mayor
de obediencia, teniendo en cuenta sus expectativas de continuar durante unos
años, como banquero ilustre el uno y acomodado perceptor de ingresos patronales
el otro. El caso es que parecen ir contracorriente, pese a la inmensa gravedad que
la situación supone para las perspectivas de las empresas.
Y
para colmo una información, que hoy publicamos, sobre la intención del
Presidente de CEIM de unir, en un futuro próximo, la patronal madrileña y la
Cámara de Comercio e Industria de Madrid, en base a un argumento tan pedestre
como que somos los mismos empresarios y, juntos, pero bien revueltos, nos vamos
a llamar EMPRESARIOS DE MADRID.
Qué
gran noticia, si tuviera un mínimo de lógica, porque de la posible fusión
caliente se pasó a la fusión fría y, dado que los organismos a fusionar no son
compatibles, se han abandonado estos términos en favor de una más que
discutible SIMBIOSIS entre ambos que, en opinión de los equipos de
comunicación, promete la felicidad y el éxito de la unión entre una patronal
creada libre, que ha venido perdiendo el rumbo y una corporación de derecho
público, sujeta a la tutela oficial y a cuantos caprichos e imposiciones partan
de las filas de los que mandan.
Se
dice que está al caer la nueva Ley de Cámaras, prometida y retrasada desde hace
más de un año y que en ella se encuentra la ansiada solución a los problemas de
unos y otros, pero nosotros nos tememos que, como tantas veces ha ocurrido, se
vuelva a abrir la brecha y el resultado sea una mayor división, porque no
sabemos si se han enterado pero la simbiosis puede empezar por ser mutualista,
proceso en el que ambos se beneficien por igual y acabar en el parasitismo, estadio
en el que unos se beneficien a costa del perjuicio de los otros.
Y
mucho nos tememos que, en tal caso, estos últimos sean los EMPRESARIOS DE
MADRID, antes llamados independientes.
Enrique Martínez
Piqueras
Presidente
de FEDESMA
jueves, 18 de abril de 2013
¿Es posible otra patronal diferente?
“Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa
y eso es, precisamente, lo que nos pasa” (J.Ortega y Gasset)
Los
empresarios nos preguntamos si en una situación tan crítica como la actual no
sería bueno dejar a un lado la reconocida tendencia de nuestros dirigentes y
organizaciones al pacto y la vaselina en los momentos difíciles, implicándonos
con claridad a favor de soluciones que, sin alejarse demasiado de la ortodoxia
imperante, suavicen la brutal caída de la actividad económica y sus secuelas en
forma de desaparición de centenares de miles de empresas y millones de puestos
de trabajo.
Nos
preguntamos si no sería positivo posicionarnos a favor de una mayor
transparencia del gobierno y de la banca en relación con el crédito a las
empresas, sin el cual nada podrá volver a ser lo que fue, especialmente en lo
referente a número de empresas, sectores económicos y trabajadores con
perspectivas de futuro.
Pensamos
que debiéramos insistir, un día si y otro también, en el desmontaje urgente de
tantos centenares de empresas públicas creadas al amparo del espejismo oficial
con el fin último de colocar a amigos, familiares y correligionarios, aún a
costa de distorsionar los mercados y acometer proyectos imposibles o ruinosos.
Creemos
estar seguros de que sin la desaparición de ese inmenso tinglado y el enorme
coste que conlleva, por muchos esfuerzos de austeridad que se nos exijan nunca
podremos equilibrar nuestras cuentas públicas sin acudir a la imposición de mayores
impuestos y a la reducción de los derechos de los pensionistas y ciudadanos en
general.
Los
empresarios nos interrogamos sobre si no sería adecuado que no solamente cada
uno de nosotros de forma individual, sino también nuestros dirigentes, nos
dirigiéramos a la sociedad para expresar nuestro desánimo ante la continua
subida de impuestos sobre el trabajo, la actividad económica y el patrimonio
empresarial, que afecta de manera muy significativa a las pequeñas y medianas
empresas, haciendo inviable su futuro.
También
nos preguntamos sobre las razones por las cuales nuestras organizaciones no
protestan de manera intensa y coordinada por las grandes subidas de tasas e
impuestos municipales varios, que no mejoran la deficiente gestión municipal en
relación con la actividad económica sino que se dedican en buena parte al
clientelismo y al crecimiento desaforado de los ayuntamientos que han pasado a
ser en muchos de ellos las primeras empresas por número de empleados en sus
municipios, al tiempo que las menos eficientes.
Nos
sorprende y por ello quisiéramos expresarlo, la actitud de unos sindicatos de
otra época, cuyos dirigentes parecen pretender perpetuarse en sus cargos a
pesar del evidente fracaso de su gestión, y su discutible función social.
Entendemos
que no debiéramos eludir por más tiempo el debate sobre la carga fiscal que
recae en especial sobre la pequeña y mediana empresa y la legión de autónomos,
mientras la gran empresa goza de condiciones excepcionales que le permiten
reducir su factura fiscal de manera importante.
Nos
preguntamos insistentemente si hay algún motivo para que, a la vista de tantos
escándalos públicos, económicos, administrativos, que afectan a multitud de empresas,
empresarios, administraciones y políticos varios, nuestros representantes permanezcan mudos,
sin criterio aparente.
¿
Y por qué no somos capaces de organizar el acto colectivo, tantas veces
reclamado y demorado, en el que miles de empresarios reafirmemos nuestra
confianza en la empresa y reclamemos respuestas urgentes y decididas a todo
ello, como parte interesada e importantísima de la sociedad que somos ?.
Por
lo tanto, nos preguntamos si esta situación, por anormal, puede continuar por
mucho tiempo, por qué todas estas preguntas, que merecen respuestas, ni
siquiera se plantean en debates abiertos y no se nos ocurre más que intentar analizar
sus causas.
La
conocida frase de Ortega y Gasset que encabeza este escrito, aunque expresada
en un contexto diferente, nos impulsa a intentar llegar a conclusiones en
relación con lo que nos pasa. Y lo cierto es que creemos saber lo que nos pasa.
Lo
que nos pasa es que nuestras organizaciones, en buena medida, han sido ocupadas
por gentes más próximas a los intereses políticos y personales que a los
generales. Nos pasa que nuestras escasas decisiones, en consecuencia,
comúnmente, están sujetas a la aprobación previa, que impide aplicarlas con la
independencia necesaria. Nos pasa que los intereses personales de muchos de los
que dicen militar en nuestras filas, priman sobre los intereses comunes.
Nos
pasa que, aunque se dice con alguna frecuencia que hay que cambiar las cosas,
no hay la menor intención de hacerlo y se incumplen los estatutos y las normas
con absoluto desprecio a los derechos de todos. Nos pasa que muchos dirigentes
nuestros participan o han participado en órganos mixtos de la administración o
en entidades financieras, en representación de todos nosotros, sin dar cuenta
de su gestión y de sus resultados,
aunque la consecuencia haya sido el desastre.
Nos pasa mucho más, por lo que para que las
patronales vuelvan a ser lo que fueron y conciten de nuevo el interés y el
apoyo de los empresarios, debemos cambiar de manera radical. Debemos promover
el debate y la transparencia. Debemos promocionar nuevas generaciones de
dirigentes que sustituyan a los que están apegados a sus inútiles cargos.
Debemos potenciar a los auténticos empresarios sobre aquellos que se engañan a
si mismos al tiempo que intentan hacerlo con nosotros. Debemos cumplir los
Estatutos con seriedad y firmeza.
Y
por tanto, algunos hemos decidido empezar a trabajar sobre ello, a través de
una plataforma que se inscribirá en internet con el título de OTRA CEIM ES POSIBLE, a la que están
invitados todos los empresarios de buena fe que se sientan capaces de
participar y aportar ideas e incluimos un documento de análisis sobre La
estructura de CEIM y sus propuestas de solución.
Adjuntamos informe de la estructura de CEIM en el siguiente enlace:
Informe Estructura CEIM
lunes, 8 de abril de 2013
Sindicatos y EREs
La
opinión pública está siguiendo con interés el proceso que la Juez Alaya ha
relanzado en relación con la concesión de ingentes cantidades de dinero público
en el llamado caso de los ERE, Expedientes de Regulación de Empleo fraudulentos
de la Junta de Andalucía.
La
titular del Juzgado numero 6 de Sevilla, reincorporada tras su larga
indisposición, ha puesto en marcha la máquina del poder judicial y en pocos
días ha comenzado a desentrañar un caso que puede superar con amplitud los
peores augurios que los ciudadanos intuíamos tras la primera parte de la
instrucción del sumario.
El
asunto es escandaloso en sí mismo, tanto por las enormes cantidades de dinero
público que se manejan, como por la intervención de multitud de políticos,
beneficiarios, comisionistas, intermediarios, testaferros, pero especialmente, en nuestra
opinión, por sindicalistas de variada condición e incluso de los grandes
sindicatos, posibles receptores de importantes cantidades en su papel de
cooperadores activos o pasivos.
Llama
la atención, en la larga trayectoria del proceso de concesión de los
expedientes, que ningún responsable político de cierto nivel, más allá del
pintoresco Director General de Trabajo y su insuperable, por increíble, equipo
de personal de la más intima confianza, tuvieran la menor idea de lo que se ha
estado gestando en Andalucía a lo largo de tantos años.
Pero,
sobre todo, produce asombro el papel de los sindicatos en todo este enorme
embrollo. Que los sindicatos hayan podido percibir cantidades de dinero importantes
por su apoyo a los procesos de regulación de empleo sin profundizar en ellos,
ni mucho ni poco según las noticias que nos llegan, sin interesarse en exceso
por la continuidad o la pervivencia de las empresas o por las posibles
irregularidades de la inclusión de personas ajenas a las mismas, no deja de ser
una variante más del sindicalismo gregario y residual que tenemos que soportar
los empresarios.
Llevamos demasiados años aceptando pasivamente
su intervencionismo en todo tipo de
actividades, en un desempeño de su
función, con frecuencia de carácter politizado y matonista que ha conducido a
demasiadas empresas a la ruina o la desaparición y a centenares de miles de
trabajadores al paro sin solución ni futuro, por su concepción totalitaria de
la supuesta defensa de los derechos de los que dicen representar.
Cualquier
empresario que se ha visto abocado a una adaptación de su empresa a las
necesidades del mercado en un determinado momento, con independencia de su
tamaño, sabe que ello ha tenido y tiene un coste. Por lo regular, el coste de
una negociación que aumentara las indemnizaciones de los trabajadores, sin
importar el futuro de empresa ni trabajadores y con alguna que otra
contrapartida directa o indirecta a los propios sindicatos.
El
caso de los ERE es la versión máxima de esta práctica que ha dado una fuerza y
una presencia excesiva a los sindicatos, en virtud de unas leyes laborales que
afortunadamente han comenzado a modernizarse. Hoy, la jueza Alaya ha empezado a
poner ante la opinión pública, de manera descarnada, la intervención de
sindicalistas y cómplices varios, también políticos, que han venido creyendo que
el dinero público se podía utilizar como un arma para la potenciación de la
acción de unos, el beneficio de los allegados, el enriquecimiento de otros y el
mantenimiento artificial de un tejido productivo insostenible debido a tanto
intervencionismo interesado.
La
Constitución reserva un papel esencial a los agentes sociales, también a los
sindicatos que limiten su papel en aquellos asuntos que les son propios,
defendiendo el futuro de los trabajadores y de las empresas, con transparencia,
diálogo sincero, democracia interna y en los ámbitos que les corresponden y
que, desde luego deben estar bien alejados de la política y de los Consejos de
Administración.
Pero
ha llegado la hora de que cada uno acepte cumplir su papel, empresarios,
trabajadores, políticos de toda condición, agentes sociales, porque la
situación de la economía española no permite ninguna alegría y, mucho menos, noticias
e irregularidades de este calado.
Nuestro
agradecimiento a la juez Alaya y el deseo de que llegue hasta el fondo de tan
pantanoso y putrefacto asunto.
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